Jorge Franco, El niño y su cuento

En un concurso Jorge Franco recibió una caja con 700 libros, por si alguien se preguntara ¿qué pasó con esa caja, después? Entrevista publicada por la Revista DC en diciembre de 2015, buscando el niño interior del escritor…

Revista DC edición dic, PDF-58

Continuar leyendo


Adivina ¿qué libro leí ese día?

Pasa que algunas veces cuando tus pasos te llevan al borde de algo que no alcanzas a procesar, a controlar o apaciguar como el desespero, la desazón o el simple insomnio; un libro te salva o de hundes con él en las manos, pero te mueves hacia algún lado, al menos eso me pasa a mí.

Adivina qué libro leí en un momento como este, en una tibia caída de tarde, en que me encontraba en la banca de un parque sola, pero sin nada que pesara, ni siquiera en los bolsillos; excepto un libro. Estaba recién llegada a una Ciudad que no conocía (quizá 2011).

El protagonista también cruzaba por ahí solo…

Bogotá, 3:00 a.m., diciembre 1° de 2015.

Cruzaba una pequeña tempestad de arena, cuando por azar leí:

“A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la muerte antes del amanecer. Y la razón no es que la tormenta venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como esta…

Por causalidad esa tarde traía arena de playa entre los dedos. Venía con ganas de no limpiarme los pies ni sacudir las sandalias hasta volver a la casa. Entonces me enganché al libro por esta página. Me lo había prestado un amigo, pero no tuve más remedio que quedármelo, pues todavía faltaba un tramo para llegar a casa, el viento arreciaba y no tenía más con qué protegerme de la polvareda que me golpearía a la cara, la vista, las pestañas y quizá también el alma.

Londres, 1:37 p.m., 8:37 a.m. (Colombia), diciembre 26 (partido de fútbol hoy a las 3:00 p.m. aquí y no me lo quiero perder. See you later).

Murakami


Como sea, lo bueno de cruzar el desierto es cruzarlo.

Seguir leyendo

Ni siquiera una herida de muerte es la muerte.

Seguir leyendo

Un cuento que me gusta mucho.
Dedicado a los hombres Clase B, que tanto les gusta las historias de mujeres Clase C. Divertido, genial.
Corazones solitarios de Rubem Fonseca…

Continuar leyendo

Seguir leyendo

Algunos minutos de la entrevista al señor Aronofsky, director de películas como Pi, el orden del caos, Cisne negro, Requiem por un sueño, El luchador… un tipo amable, abierto y desenfadado. Para el canal del Festival Internacional de Cine de Cartagena, dirigido por Carlos Hernández. Estuvo chévere. Les comparto. Gracias por su atención.

Seguir leyendo

Recordando a José Arcadio Segundo, la guerra, Gabo y su primer año de soledad

“Cuando la puerta se cerró, José Arcadio Segundo estaba seguro de que su guerra había terminado. Años antes el coronel Aureliano Buendía le había hablado a él de la fascinación de la guerra y había tratado de demostrarla con incontables ejemplos sacados de su propia experiencia. Pero la noche en que los militares lo miraron sin verlo, mientras pensaba en la tensión de  los últimos meses, en la miseria de la cárcel, en el pánico de la estación y en el tren cargado de muertos, José Arcadio Segundo llegó a la conclusión de que el coronel Aureliano Buendía no fue más que un farsante o un imbécil. No entendía que hubiera necesitado tantas palabras para explicar lo que se sentía en la guerra, si con una sola bastaba: miedo”.

“When the door closed, José Arcadio Segundo was sure that the war was over. Years before Colonel Aureliano Buendía had spoken to him about the fascination of war and had tried to show it to him with countless examples drawn from his own experience. He had believed him. But the night when the soldiers looked at him without seeing him while he thought about the tension of the past few months, the misery of jail, the panic at the station, and the train loaded with dead people, José Arcadio Segundo reached the conclusion that Colonel Aureliano Buendía was nothing but a faker or an imbecile. He could not understand why he had needed so many words to explain what he felt in war because one was enough: fear”.

De Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.

Recordando a Gabo en su primer año de soledad


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.