… Mas confía en mí: demostraré ser más fiel que las que saben fingirse distantes. Reconozco que habría sido más cauta si tú, a escondidas, no hubieras oído mi confesión de amor. Así que perdóname, y no juzgues liviandad esta entrega que la oscuridad de la noche ha descubierto.

ROMEO

Juro por esta luna santa que platea las copas de estos árboles…

JULIETA

No jures por la luna, esa inconstante que cada mes cambia su esfera,  no sea que tu amor resulte tan variable.

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Hamlet: —Yo no estoy loco, sino cuando sopla el nordeste; pero cuando corre el sur, distingo muy bien un huevo de una castaña.

—Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces —respondió Sancho.

 

 

Abril 23, 2016.

(400 años de delirio)


Una casa, mi casa, un gato, fitting on, belong to, that’s it.

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Jorge Franco, El niño y su cuento

En un concurso Jorge Franco recibió una caja con 700 libros, por si alguien se preguntara ¿qué pasó con esa caja, después? Entrevista publicada por la Revista DC en diciembre de 2015, buscando el niño interior del escritor…

Revista DC edición dic, PDF-58

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Adivina ¿qué libro leí ese día?

Pasa que algunas veces cuando tus pasos te llevan al borde de algo que no alcanzas a procesar, a controlar o apaciguar como el desespero, la desazón o el simple insomnio; un libro te salva o de hundes con él en las manos, pero te mueves hacia algún lado, al menos eso me pasa a mí.

Adivina qué libro leí en un momento como este, en una tibia caída de tarde, en que me encontraba en la banca de un parque sola, pero sin nada que pesara, ni siquiera en los bolsillos; excepto un libro. Estaba recién llegada a una Ciudad que no conocía (quizá 2011).

El protagonista también cruzaba por ahí solo…

Bogotá, 3:00 a.m., diciembre 1° de 2015.

Cruzaba una pequeña tempestad de arena, cuando por azar leí:

“A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la muerte antes del amanecer. Y la razón no es que la tormenta venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como esta…

Por causalidad esa tarde traía arena de playa entre los dedos. Venía con ganas de no limpiarme los pies ni sacudir las sandalias hasta volver a la casa. Entonces me enganché al libro por esta página. Me lo había prestado un amigo, pero no tuve más remedio que quedármelo, pues todavía faltaba un tramo para llegar a casa, el viento arreciaba y no tenía más con qué protegerme de la polvareda que me golpearía a la cara, la vista, las pestañas y quizá también el alma.

Londres, 1:37 p.m., 8:37 a.m. (Colombia), diciembre 26 (partido de fútbol hoy a las 3:00 p.m. aquí y no me lo quiero perder. See you later).

Murakami


Como sea, lo bueno de cruzar el desierto es cruzarlo.

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Ni siquiera una herida de muerte es la muerte.

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