Mesitas de Santa Inés, cuna de grandes historias con sabor a café

“Así como el busto dura más que la ciudad, esta bella hacienda sobrevivirá al cultivo del café”, escribió Darío Echandía, en octubre de 1967 en el libro de invitados de Mesitas de Santa Inés. Y así fue. Un año más tarde, en octubre de 1968, se realizó allí el primer comercial del primer Juan Valdez del país, que entonces era José Duval, un actor extranjero.

En la hacienda Mesitas de Santa Inés en Cachipay (Cundinamarca), una vez, todo tuvo qué ver con el café. A finales del siglo XIX ya era una pionera en este cultivo en el país. En los años 50, la Federación Colombiana de Cafeteros la eligió para ser hacienda piloto de procesamiento del grano a gran escala, con fines de exportación. Fue sala de recibo de ilustres visitas al país.

La reina actual de Dinamarca, Margarita II se tomó un tinto allí, a finales de los 60, cuando aún no era reina. También lo hicieron ex presidentes como Misael Pastrana, Andrés Pastrana y Carlos Lleras Restrepo. Desde finales de los años 60 hasta principios de los 90, se recogían 10.000 sacos de café en Mesitas de Santa Inés y se empleaba hasta mil trabajadores de la región. A principios de los 90, la broca, pero especialmente la comprobación de que el precio por libra en el mercado internacional apenas si había subido unos centavos en los últimos 40 años, fueron definitivos para el abandono de la siembra masiva de café.

Pero Echandía tenía razón. Mesitas de Santa Inés sobrevivió. Desde hace más de 15 años la hacienda se diversificó y empezó a cultivar ‘Baby Banana’ y flores exóticas como anturios, heliconias, follajes y helechos. A mediados de los 90 fue además escenario de una famosa telenovela, cuyo nombre -aunque resulte difícil adivinar- era ‘Café con Aroma de Mujer’. Hoy sus puertas se abren definitivamente al público.

Del primer Juan Valdez quedan una foto autografiada y un mensaje de gratitud a los dueños de la hacienda por prestarla para la campaña y un sustituto, Juan Mesitas, un campesino que viste de sombrero, poncho y carriel para recibir a los turistas y guiarlos por el lugar.

Quedan intactos, la casa principal -de estilo colonial, de 250 años de existencia y 18 habitaciones- y el beneficiadero con sus máquinas para escoger el café y ‘descerezarlo’ (pelarlo), traídas desde Inglaterra y Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del siglo pasado. Curiosidades como una fotocopiadora de 1850 y el libro de contabilidad de la hacienda de 1878.

Y una tienda de artesanías, llamada la Tienda del Café, que vende jarras, pocillos y cucharas hechas en guadua. En este sitio, el esplendor, el brillo de los pisos de la casa principal, los muebles franceses, vieneses e italianos, que relucen como si fuesen recién comprados, así como el verde de las siete hectáreas de jardines son parte de un recuerdo que se sirve humeante y no huele a viejo, solo sabe café. Si usted va… Cachipay está a 60 km. de Bogotá y se puede ir por dos medios. El Tren de la Montaña viaja allá.

Publicado en EL TIEMPO
Lucero Rodríguez G.

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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