Javier, el beatlemaníaco

“En lo de los Beatles para uno volverse duro tenés que aprenderte las fechas como los evangélicos se aprenden la Biblia…”

Publicado en la revista Shock en 2004. Lucero Rodríguez G.

Como muchos en el mundo adora a los Beatles, como pocos en Cali, es un conocedor al detalle de su trayectoria musical y personal y como ninguno, tal vez en Colombia, posee una gigantesca colección de discos, camisetas, afiches, postales, fotos, libros y cualquier cantidad de souvenirs del archifamoso cuarteto, incluyendo sus autógrafos originales. Ha dejado de echarle gasolina a su Piaggo Vespa, la moto que lo transporta a todas partes, por comprar un disco. “La he dejado guardada quince días por un disco de 70 mil”.

Hace diez años no escucha sus pastas de los Beatles por conservarlas intactas. No necesita el reproductor de VHS, porque las cintas de sus películas prefiere no desgastarlas. Las camisetas negras con estampados del grupo las usa sólo en la noche para que el sol no las deteriore, la misma razón por las que nunca las lava y tal parece que el misticismo que envuelve la obsesión de un fanático las ha protegido del mal olor durante años.

Yesterday
Javier Barrios nació el 11 de enero del 69, que en calendario Beatle, fue dos semanas antes del memorable y último concierto de Los Beatles en la terraza de las oficinas de Apple.

De su infancia recuerda las baladas de Claudia de Colombia y Sandro; el Mundial del 74 de Alemania, los títeres ‘horribles’ de Manzur en t.v. los domingos en la mañana y A Hard Day’s Night y Please, Please Me, que escuchó por primera vez, a los cinco años, en la casa que sus padres compartían con universitarios, en el barrio Pepita, del centro de Bogotá.

A los diez años, un amigo le regaló un casete llamado Estrellas en 45, con un potpurrí de canciones, le preguntó a su amigo por los temas que más le gustaron y él le dijo que eran de Los Beatles. Eso sucedió en el 80, el mismo diciembre en que mataron a Lennon, noticia que Javier recuerda: “salió en la prensa, en la televisión, me entró por los ojos, por los oídos por todas partes y empecé con el cuento”.

“¿Qué quiere mijo, fiesta o regalo?” le preguntó el papá de Javier a su hijo cuando iba a hacer la Primera Comunión y este le contestó: un disco de los Beatles. Lo llevó a una tienda del centro, en Cali y compraron la colección The Beatles in Box ocho discos de edición limitada, que no costaron ni 10 mil pesos en aquella época.

En el colegio sólo fue bueno para pintar y para el inglés. Desde los 13, traducía las canciones de los Beatles, por lo que llegó a conocerlas desde la primera hasta la última y cuando estudió en el Colombo Americano, en el 86 y sin un curso previo “entré a nivel cuarto de una vez. Porque ellos me ayudaron, los cuatro de Liverpool, las letras había que pasarlas en español para ver qué decían”. Fue ebanista y pintor de brocha gorda, aprendió a estampar, para hacer él mismo las camisetas de los Beatles que no podía conseguir.

Recientemente una publicación internacional aseguró que la mayoría de personas entre los entre 20 y 25 años en el 67 saben la hora exacta, el día exacto y dónde estaban el día que escucharon el Sargent Pepper’s. Javier estaba en el barrio Industrial Los Mangos, de Cali, donde vive desde los 10 años con su familia y dice “yo me acuerdo que lo escuché a los 14 años. La cuadra la estaban pavimentando, llegué con el disco y estaba esa máquina (aplanadora) eso era una bulla la berraca y yo sufría porque a qué hora van a acabar y yo escuchando el disco…”

Actualmente trabaja en vigilancia privada, en la portería de un edificio donde muchos lo conocen, algunos le preguntan por los libros que mantiene leyendo, pero todos ignoran qué loca pasión oculta. Tiene 73 discos más, y de las 268 canciones grabadas por los Beatles asegura que todavía le faltan unas 10, incluidas las versiones inéditas, algunas de las cuales están perdidas o en manos de unos pocos coleccionistas en el mundo.

Aunque también oye desde música clásica, rock and roll de los 50’s, metal y rock de los 80s, tangos, hasta baladas en español de los 60’s, tipo Leo Dan. Desde hace años, a los Beatles les dedica por lo menos una vez diaria para escuchar sus CD’s.

Let it be
Asegura que su fanatismo está centrado en tener información y considera que “en lo de los Beatles para uno volverse duro tenés que aprenderte las fechas como los evangélicos se aprenden la Biblia. Yo estudio mucho, mi trabajo me da para leer mucho siempre ando con un libro”.

“Hoy estuve con el Gritad (Shout de Phill Norman) y toda la semana pasada con el Dr. McCartney y me lo he leído seis, siete veces y a veces lo abro en cualquier página y después no quiero parar. Yo soy enfermo y a veces me da miedo volverme loco”, reconoce Javier, devoto ‘hasta cierto punto’ de dos de los difuntos más famosos del mundo, porque no les reza pero dice “velas sí les prendo…a Harrison y a Lennon porque tengo una foto de ellos dos, entonces en la casa me ven y me dicen ¿otra vez le dio a usted por eso?”.

“Quiero sentarme en la mesa de una emisora, con mi cronología, hecha a mi modo, no se trata de ir a leer porque yo puedo hablar de los Beatles sin leer, te puedo hablar de fechas, decirte qué pasó tal día, por qué se separaron, por qué Yoko apareció, por qué Paul McCartney se conoció con Lennon y en dónde…” e incluso asegura Javier saber “por qué Ringo Star terminó tocando la batería y no Pete Best y porque él era bonito y Ringo feo”.

Y a propósito de su proyecto de publicar una cronología con los momentos personales y musicales más importantes de la historia de los Beatles, desde el interior de su conciencia sale una voz que dice “debo buscar otro libro de los muchos que tengo y me dedica tiempo, quisiera como no tener novia, como estar solo, como no trabajar y dedicarme a todas esas cosas y volverse uno más loco, pero hay que trabajar, hay que vivir la vida y sé que eso hay que hacerlo como un hobbie”.

“Cuándo va a parar” es lo que le dice su mamá porque sabe que Javier compra todas las cosas de los Bealtles que llegan a la casa. A sus 35 años, ha decidido salir de la casa de sus padres porque no le cabe un cuadro más en las paredes. Su novia, Bernarda Tandioy, caucana, quien de no gustarle los Beatles no estaría con él, trabaja como cajera en un supermercado, tiene el pelo largo, negro y ciertos rasgos Yoko-orientales, deberá asumir el reto de vivir con Javier y los otros cuatro, sin dividir al grupo, teniendo en cuenta que según Javier “es caótico renunciar a una foto que uno lleve viéndola quince años, cada vez que se levanta de su cama y yo esas fotos llevo viéndolas toda una vida y eso para mí es como la vida”.

Pero el irremediable fanático les dice a todos “yo vivo por ellos, sí y tengo mi novia actualmente, pero mi vida todavía no es ella” un poco arrepentido aclara “aunque ella va a formarla. Quiero dedicarme a mis cosas, a mi familia, tener un hijo, se llamaría Paul Lennon, si es niño y Linda del Mar si es una niña”.

El club de corazones solitarios
Aunque se declara católico, apostólico y romano no reniega de aquella frase de Lennon que tanto revuelo causó ‘somos más populares que Jesucristo’. “Sí era verdad. Los Beatles los escuchaba todo el mundo”. Para Javier lo más atractivo e interesante de ellos es que hicieron lo que quisieron con las masas. “La fuerza del furor y el fanatismo que creó en la gente desde el viejo hasta el joven. Inclusive la fuerza que me dio para ser fanático de los Beatles, después de 20 años de haber estado en escena. Y existirá gente que está naciendo en este momento y en 15 ó 20 años se volverá fanática de ellos. Para mí los Beatles son lo mejor”.

Lo que más admira de Lennon es la rebeldía “no se dejaba joder de nadie”, lo que al mismo tiempo menos le gusta de él, porque “compraba peleas a peso”. De Paul McCartney considera que “fue el más inteligente, el más diplomático el que lo arreglaba todo conversando, el que mejor se vistió, el que no se descuidó con las drogas, el que siempre atendió la prensa, si estaba acostado él se levantaba y siempre tenía cigarrillos y cosas para ofrecerle a la visita”, para Javier simplemente: la imagen perfecta. De Ringo Star “el humor que tiene, es muy cómico, siempre tiene un chiste bajo la manga y es muy amigable, es de los que te invita a tomar té”, lo que menos le agrada es que al igual que Harrison “no haya hecho nada bueno después de los Beatles… aparte de una película que protagonizó que se llamaba El cavernícola, chistosísima”.

De Harrison que era un diamante en bruto “lo que pasa es que ellos no lo dejaron salir al aire mucho. Tiene unas composiciones muy lindas (Something, I Need You), pero nunca le daban la cara A de los discos”. La muerte de Harrison fue un golpe mucho más duro que la de Lennon, por la corta edad de Javier cuando mataron a Lennon y su apenas naciente pasión. Los últimos quince días de vida de Harrison, le hizo seguimiento a la noticia, través de las revistas y los periódicos que recibe por las mañanas en su portería.

“Lloré, estaba trasnochando, la noticia la dieron como a las cuatro de la mañana y me puso mal, pero a la vez ansioso porque al otro día yo quería tener revistas, el Daily Mirror, los periódicos de Liverpool de ese día”.

Sobre la eventual muerte de McCartney habla con ansiedad, “no estaría preparado”, dice “no tendría todo el material listo. No tengo suficientes cosas de él, todavía me falta”. Javier hace una pequeña introspección y como interrumpiendo un momentáneo lapsus, continúa con su acelerado ritmo al hablar “estoy pensando… es malo pensar eso. Cuando muera Paul, yo tengo que hacer algo. Pero si muere mañana no sabría qué hacer. Yo tengo que hacerle algo aquí en Cali. Eso es muy duro”.

Beatles for sale o can’t buy me love
Reconoce que es un comprador impulsivo-compulsivo, que de haber vivido en los 60’s, habría consumido buena parte de toda esa avalancha de productos que ninguna otra marca iguala en cantidad ni variedad, desde pelucas hasta talco para pie Beatle.

Uno de sus sueños es ir algún día a Londres, a uno de esos tours que pasean a los visitantes por los sitios donde los Beatles tocaron, grabaron y vivieron. “Eso es como al que le gusta conocer Jerusalén, ese es su culto y este es el mío, mi culto”. Por ahora se conforma con visitar en sus vacaciones a Abbey Road, no la famosa esquina inglesa, sino un almacén que vende productos Beatles en un centro comercial de Bogotá “quiero traer un buen surtido”.

Lo más emocionante en encontrar han sido sus pastas piratas de 1969, grabadas en los estudios Abbey Road, extractos de grabación de ensayos de canciones, Hey Jude, Let it be. Se topó con ellas por casualidad, estaban en medio otros discos, “Casi me muero. Después de que salí con ellos fui a la plaza de la gobernación a sentarme, mi corazón estaba acelerado”.

De incalculable valor: las firmas Paul, George, Ringo y John, robadas por un conocido de Javier a una sobrina de una fanática de la época que logró metiéndose al camerino de ellos, en un concierto. La muchacha le mostró el tesoro de su tía a su amigo, y este ni corto ni perezoso, arrancó la hoja del álbum y al llegar a Colombia, se los ofreció a Javier. “Él me las mostró y era una hoja de papel común y corriente, ahí las tengo. Yo conservé la calma, eso fue hace unos cinco años y le dije listo, si son ciertas te doy 100 mil”.

Lo que más trabajo le ha costado, por su precio, es conseguir un fotodisco y una boleta de un concierto de ellos. Lo que más anhela es una foto original del concierto de la terraza “una imagen bella” para Javier. Cuando cumpla 50 piensa dedicarse a pintar esa escena.

Su última compra fue el Libro Antología y promete ponerse un guante para poder darle vuelta a la hoja.

Si fuera millonario compraría el disco que le firmó Lennon a su asesino Mark David Chapman, cinco horas antes de morir, recientemente vendido en 525 mil dólares. Supo que sacaron enlatado de aliento Beatle y opina que “se aprovechan de la gente. Imagínate un fanático destapando la lata de aliento Beatle para oler su aliento. Yo la compraría, pero no la destaparía”.

El Final… Carry that weight
El mejor álbum no de los Beatles, ni del 67, sino de todos los tiempos, entre todos los grupos y todos los géneros, para Javier: El Sargent Pepper’s “Una novela de principio a fin, que termina en un corte de toda la orquesta filarmónica tocando en un tono del más alto al más bajo, en un cierre perfecto, con A day in the life”.

Pero, Carry that weight del álbum Abbey Road es el que lleva el mensaje clave para Javier “me da como un mandato para seguirlos y cuando yo escuché Abbey Road por primera vez me dio como esa orden de seguirlos: ¡Siga esa causa!”

…Y al evaluar la razón de ser de su fiebre de 90 grados, que lo ha llevado por casi una vida a acumular tanta información y objetos sobre el mismo tema, concluye “Yo siempre pensé tener lo que tengo hoy en día para organizarlo y mostrarlo y la gente diga: ¡uy! ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Toda tu vida te has dedicado a esto? Y yo: claro, por supuesto”.

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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