Hay días que nos da de la profunda

Hay días en que somos tan oscuros y tan dulces y tan amargos… tan melancólicos, tan trascendentales, tan básicos, tan desadaptados, tan sociables, tan románticos, tan necesitados, tan idiotas, tan brillantes, anacrónicos, narcisistas, súper en la onda, súper buena onda como Jesús y con ganas de matar a unos cuantos como los cristianos, tan auténticos, tan reales, fantasmas, tan fantásticos, tan adolescentes… de fantasía, tan llenos de vacío. Hay días en que solo queremos beats rock y otros en que queremos otras canciones, de otras épocas de viejos de Barba, tan tranquilas o tan aburridas como un miércoles de lluvia en Bogotá, otro puto día desde las uñas hasta el brasier mojados, extrañando, en un raro instante, alguna cosa, TODO, hasta el inclemente rayo del sol de un mediodía caleño, que odiábamos tanto como la lluvia gris de esta nevera, por las mismas razones: la intensidad y el tiempo estancado; tan neuróticos pero con la suerte de escuchar a algún curios@ que sí supo sintonizar con el sentimiento de la gente porque lo escribió y lo puso en una canción mejor afinada, que levanta anclas y salva una tarde que estaba casi perdida, al hacernos sentir que además de revelar uno que otro desorden de personalidad, pasa que también estamos vivos y nos movemos aquí y allá.

De marzo 3 de 2011
LRG Lú
Y dice… un, dos, un, dos tres cua…

Canción de la vida profunda
El hombre es una cosa vana, variable y ondeante…
MONTAIGNE

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Talvez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rutiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día…
en que levamos anclas para jamás volver…
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

Porfirio Barba Jacob.

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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