Caterina, de abogada y sicoanalista a actriz porno erótica

La nueva musa del cine porno soft italiano dejó atrás dos carreras y un matrimonio anulado por impotencia del marido para entrar al maravilloso y lujurioso mundo del realizador Tinto Brass.

Caterina Varzi era una seriesísima abogada de éxito y sicoanalista con una vida aparentemente corriente, que de pronto terminó “en bola” frente al popular director veneciano Tinto Brass (el de la controvertida y demandada cinta Calígula).

¿Cómo es que un día se descubre erótica y frente a la cámara de este popular y mañoso cineasta una mujer con un lunar escondido entre sus piernas bajo su falda a la rodilla, con unos tacones cuadrados con los que ya pisa los 40 años, atrapados detrás de un escritorio con el pudor y el Derecho Romano debajo del pisapapeles?

Publicado en PlayBoy Colombia, noviembre de 2010, (franquicia manejada por Gerardo camPILLO).

Un día un ladrón entró a su casa, ella se dio cuenta de lo exhibicionista que era y se excitó frente al desconocido bandido que la fisgoneaba mientras se desnudaba. Ese es el tema de Hotel Courbet, el cortometraje del popular director veneciano Tinto Brass, su tiquete de entrada al pomposo Festival de Venecia junto con Caterina Varzi. Una sicoanalista que hace de sicoanalista.

“Ziva, l’isola che non c’è” (Ziva, la isla sin nombre) fue la cinta anterior de Tinto, que lanzó a Caterina al estrellato, todo un panfleto ¡Contra la guerra! ¡Por el sexo!, ¡A dar la batalla! pero en la cama.

En los últimos dos años Caterina Varzi dejó su vida aparentemente controlada y corriente donde apenas si cabían la alucinación y la sicosis, Sigmund, Jung, la admiración y los mimos de un reputado sicoanalista, su maestro Aldo Carotenuto, que le apostaba a ella como profesional del ramo… del “junguismo” al “voyeurismo”…  ahora despliega su sexo entre los icónicos espejos y camas dobles de los sets de Tinto al servicio de sus eternos planos generales. Entre luces y cámaras apuntando a su blanca piel de porcelana, su lunar entre las piernas y, cómo no, su culo, el fetiche de siempre del cineasta, con toda su alharaca. Al culo, su director, le ha dedicado un libro (Elogio del culo), secuencias interminables en sus películas, cuánta declaración da a la prensa y hasta los lemas de la primera historia de terror de Tinto: su lanzamiento al parlamento italiano este año.

Los delirios de sicoanalista se subliman y Caterina se pasea de gancho con Tinto, por programas de TV, festivales, alfombras rojas y ruedas de prensa por ahí, a veces con algo de ropa de abogada y sicoanalista, sin marido, hijos, ni brasier y de pronto hasta sin bragas. Va por Roma, Florencia, Venecia, conoce Colombia, Barranquilla y Cartagena, se viene y se devuelve con su nueva vida de actuación y desnudez, a veces sin desnudarse. “Estando desnuda en pantalla, aún con el cuerpo exhibido guardo mi intimidad para mí misma. Emocionalmente sobretodo. En la vida privada no me expongo mucho”, dice y lo demuestra.

Su miedo a una penetración indebida de un zoom o un micrófono a su intimidad empeora cuando se filtra que la estrella erótica lleva a cuestas un matrimonio anulado. “No voy a entrar en el particular. Fue un momento de mi vida. No se consumó. No hubo sexo”, así de tajante habla Caterina de la novedosa experiencia de un marido que le propuso la “castidad postmatrimonial”, no accedió  a sus encantos y huyó de casa.

Después, tímidamente Caterina se abre un poco más y suelta algo más: “era joven -A qué hombre o mujer pudiera no importarle-. Me sentí mal con mi cuerpo y hasta me rapé el pelo de la cabeza… En un momento de crisis existencial, más o menos a los 34, inicié un análisis personal. Soy una apasionada del sicoanálisis. Luego me convertí en sicoanalista”.

La separación y el divorcio son las causas más comunes de quienes iban a su consulta: problemas sentimentales y de relaciones. “Ahora los problemas están más inclinados a la falta de afecto que de sexo”, explica.

Sexo, mentiritas y el video

A Tinto lo conoció primero como abogada. Después talvez quiso hacerle el sicoanálisis. Coincidieron por negocios cuando ella ejercía como jurista y ella buscaba información legal para una amiga que iba a grabar un documental. Investigó a Tinto y luego se encontraron y se hicieron consultas mutuas. Le impresionó la lucidez de Tinto para pelear los derechos de su Calígula, la cinta que le ha dado más fama y más problemas al director italiano. De Calígula echaron a Tinto de la sala de postproducción apenas poco antes de terminarla. Las diferencias con los productores (de Penthouse) eran irreconciliables: “Ellos querían hablar del poder de la orgía y yo de la orgía del poder”, cuenta el cineasta. Y es que Tinto antes que idólatra de culos es un montajista que sustenta la idea de que su cine es más erótico que porno con ediciones estéticas y actuaciones y guiones decentes, que para el caso Calígula, se esperaban más que decentes por contar con actores de la talla de Malcolm McDowell y Helen Mirren; y con Gore Vidal como guionista (nombre borrado de los créditos de la película, también por diferencias con la producción).

Y Tinto así como Caterina, entre líos jurídicos y análisis humanos también ha barajado su vida. Y se encontraron. Incluso él alguna vez también estudió leyes “aunque solo haya sido para transgredirlas”, como dice.

“Veo la diferencia entre el personaje público, cínico, de humor negro y expresivo y el privado, gentil, dulce y delicado, tímido, muy sensible. Como sicoanalista veo la máscara. Il dolce segreto”, examina la abogada sicoanalista de él. Aunque pareciera que ha sido él quien la ha arrojado a su diván, con su ironía, tratando de desojarla del vestido que más usa, el de: No soy una actriz superficial.

-Para mí fue fácil conectarme con Tinto porque hay una afinidad de elección intelectual. Con él no solo me he encontrado como actriz sino como guionista.

-Caterina tiene conmigo una afinidad de elección y yo de erección.

-Yo no soy celosa. En cambio él es posesivo.

-Yo sí, muy celoso porque me interesa, pero soy más curioso que celoso. El celoso también es curioso.

-Él, además de tu cuerpo quiere poseer tu mente, si pudiera entrar a tu cerebro y conocerlo completo lo haría.

-Ella estaba buscando mi alma, pero creo que ya hasta la vendí. En cambio yo estaba buscando el eros y sí que lo encontré en ella.

-¿Y está enamorado de su nueva chica?

Él no vacila: -Claro, yo siempre me enamoro de mis musas-, mientras mira con la misma ternura los ojos como las tetas de Caterina.

La admiración es mutua. Él le hace películas, ella le escribe un libro, Ciak si giri (rodando, claqueta, ¡acción!). A sus 76 años parece que este ex ayudante de Rosellini y Fellini “todavía tiene secretos para publicar”.

Al otro lado del charco un popular conductor de TV italiana, Piero Chiambretti, en su programa de variedades, se la hace más directa:

-Entonces ¿Quién se metió en la cama de quién?

-Nunca he entrado en su cama- contesta una seria Caterina -Hay una complicidad en el plano artístico, pero no hay más. (Risas. A comerciales).

El nuevo estereotipo de diva de Tinto, basado en la figura de Caterina, es uno no tan joven ni tan explosivo; con su mirada fija y su sonrisa ligeramente temblorosa y esquiva; más precavida que otras desparpajadas, pero de la corriente “tintoniana” de todas las defensoras de un rotundo: ¡Viva la sexualidad en el cine y ya!.

Con ese oscuro pasado (para una actriz erótica) de sicoanalista y abogada, de repente le sirva a Tinto no sólo de novedad publicitaria sino de escudo pararrayos del odio, que desde hace más de 40 años, le disparan feministas del mundo entero al cineasta.

‘La desnudez no revela el misterio’

El padre de Caterina fue modelo de un pintor en Palermo, por eso el desnudo para ella no es pornografía y “tampoco revela el misterio”.

Se considera muy tímida, muy reservada. La primera vez que estuvo desnuda frente a una cámara, Caterina confiesa que se puso un poco nerviosa. “Pero para mí no era importante lo que hacía, como quitarme la ropa y eso, sino cómo lo hacía. Seguía la dirección de Tinto”.

“Todo fue natural -dice Tinto mientras chupa el gran puro que siempre lleva en su boca- Cuando confío en un actor o una actriz no tengo ningún problema en decirle lo que debe hacer y lo que no debe hacer”, refiriéndose a esas primeras escenas con Caterina.

Y después de todo esto, ¿Detrás de qué iba la sicoanalista abogada al dar un giro tan radical a su vida? simple: “La curiosidad, la posibilidad de conocer un mundo totalmente diferente del mío a través de los ojos de un gran director, que no es solo un director sino un artista”.

El marido de Caterina, finalmente huyó con su impotencia tras una comunidad hippie llamada de la Romagna para trabajar como apicultor. Y esa fue la otra película de este nuevo prototipo de actriz erótica. Ahora un poco más lejos de análisis sicológicos y/o legales y más cerca del mundo de Tinto, “el peor y el mejor cineasta italiano”, según Andy Warhol, y el último sobre la tierra que haría una película con un impotente como protagonista, quien según él, sería más bien el verdugo de una trama como las suyas donde a ninguna mujer se le deja plantada con sus ganas esperando entre las sábanas.

Advertencia: Caterina no alquila películas porno en casa. No consume productos de sex shop. Le excita mirar. La vulgaridad y todo aquello que es ostentoso, en cambio le enfría cualquier emoción. Un fetiche suyo (muy femenino): Los ojos. No cree en el sexo eterno, a diferencia de Tinto que dice: “Moriría felizmente asfixiado con un trasero aplastando la cara”, y ella apenas si deja ver una sonrojada risita, mientras quizá toma sus propios apuntes mentales de todo lo que observa de su nuevo mundo, con no poco para analizar.

Lucero Rodríguez G.

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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