Sobrevivientes del rock

(HISTORIA DEL ROCK EN BOGOTÁ – COLOMBIA. Había una vez…)

Con todo y lo difícil que era en los 60’s escuchar una canción en inglés, conseguir un disco, una revista de rock, una guitarra eléctrica y que un mechudo le inspirara respeto a alguien en la calle, las bandas proliferaron, Los Flippers se popularizaron y Colombia vivió y sufrió el rock como nunca antes (ni tal vez después) en su historia.

“Ay, cómo así, ¿había rock en español antes? me preguntaron Los Aterciopelados, un día que vinieron a mi casa a ensayar y les mostré todo lo que tengo (fotos, revistas) de las bandas que había acá en los 60s y ellos aterrados”, cuenta Carlos Álvarez, coleccionista consumado de recuerdos evaporados, ex percusionista de Aterciopelados y de unos dinosaurios llamados Los Flippers (35 años atrás).

Recortes de prensa, fósiles y algunos testigos lo confirman: el rock nacional no nació con 1280 Almas, La Pestilencia, Ekhymosis o Aterciopelados; las fusiones no se las inventó Carlos Vives y las raíces del rock en español podrían hallarse un poco antes de los 80s, por 1957, cuando en La Habana Hot Rockers rocanrroleaban en su lengua nativa “ajá chico, yeah”; en México debutaba Javier Bátiz y Teen Tops surgían en el 59; mientras que en Colombia, a principios de los 60s, unos paisas, Los Pelucas, agitaban el pelo postizo de sus cabezas y experimentaban nuevos sonidos, poco después de Danger Twist (como su nombre lo indica más ‘twiceros’ que roqueros), antes de Los Speakers (los oficialmente pioneros del rock).

Entre Elvis, la cumbia y la invasión británica también pasaron por el país Bill Halley y sus Cometas, lecciones de twist por radio de Alfonso Lizarazo y las convulsiones de una sociedad reaccionaria.

Uno de los primeros y más rimbombantes éxitos rocanrroleros, el Rock around the clock, de Bill Halley and his Comets (1954), sonó por primera vez en Colombia por Radio Monitor, de Carlos Pinzón, en el 57. Ese año se estrenó la película Rock around the clock en El Cid de Bogotá. Y con la destrucción casi total de sillas se inauguró el teatro. El mismo fenómeno ocurrió en varios cines de pueblos de Estados Unidos, cosa curiosa teniendo en cuenta que el tema de la cinta era muy  juvenil: la delincuencia juvenil. Las cometas volaron y pocas novedades musicales se escucharon por varios años más.

Qué difícil era conseguir discos, revistas o escuchar música en inglés por la radio. “Ni siquiera había instrumentos eléctricos acá, tocaba mandarlos a hacer”, cuenta Arturo Astudillo, creador de Los Flippers.

El disjokey Jimmy Raisbeck (hoy: Mr. James, prestigioso abogado) a comienzos de los 60s, era el único que programaba música anglo en las noches por la radio. Otros programas, casi todos crossover, de vez en cuando metían algo de Elvis en medio de un bolero, un merecumbé o un cha cha chá. Aunque “aquí Presley era más conocido por sus películas que por su música”, cuenta Alfonso Lizarazo, el popularsísimo Lizarazo, el responsable de que los colombianos tuviéramos Sábados Felices (aunque interminables). Sí señoras y señores, una de las caras más familiares de la televisión por más de 20 años, nuestro Don Francisco, también tiene parte en esta historia rock.

A mediados de los 60s Bogotá era aún más fría y gris que hoy, no existía la luz de neón y la melancólica luz de farol iluminaba sus calles.

Era una sociedad recatada, estricta, retrógrada, de padres autoritarios. Qué hombre o mujer tendría la desfachatez de pasar por el centro sin llevar gabardina o vestido completo oscuro. Los niños llevaban pantalones cortos hasta los doce años. Los sitios nocturnos, grilles y nigth clubs, eran sólo para adultos. Después de las 11:00 p.m. no había TV. Se era joven pero no había juventud, acostarse temprano era el plan.

Hasta 1965, cuando el país estaba aislado del resto del universo, Lizarazo le pedía a los corresponsales internacionales de Radio Monitor, de la misma Cadena Caracol donde trabajaba, que le contaran qué se escuchaba en Europa y Estados Unidos, y a falta de Internet nada mejor que tener un amigo, jefe de aeromozas de Avianca, para que le trajera discos en cada viaje.

Afuera, desde la mismísima cuna del rock and roll, Nashville, el veterano hombre de radio Julio Nieto Bernal, (papá de Andrés Nieto ‘Radioactiva’) también enviaba discos a Caracol. Julio, el entonces joven abogado javeriano apenas terminó una especialización en Tennessee volvió a Colombia a montar su programa: Haga Twist y a poner a Alfonso Lizarazo a marcar los pasos mientras los bogotanos oían su programa de radio. 1, 2, 3, 4… 1, 2, 3, 4.

Meet the Flippers
Mientras Jackie Haikal buscaba por su natal Caracas los populares botines beatles, puntiagudos, negros, blancos o dorados con tacón cubano; el estudioso y crítico de música, Manolo Bellón, iba a una fiesta con su hermano mayor y unos amigos gringos, en el carro, cuando oyeron I want to hold your hand (primer éxito beatle en EU), de lo que recuerda: “fue como en abril del 64 y luego los seguí escuchando por Radio 15. Me enloqueció. Meses después llegó la película”.

Nada qué hacer, cuando A hard day’s night se proyectó en el teatro Chicó de Bogotá, Miguel Durier estuvo ahí y como millones de adolescentes del mundo, quedó extasiado, pensando “esto me cambió la vida, me absorbió”. Entonces Durier le dijo adiós a los sábados de cantada de baladitas en las emisoras del centro de Bogotá, donde audicionó hasta los 14 años. Por esos mismos días, cosas del destino, el manager de Los Flippers descubrió a Durier, siendo aún menor de edad, cantando en la discoteca La Bomba (epicentro de la música en vivo en la escena bogotana de entonces) y lo reclutó al grupo que reeditaría varios éxitos británicos a su versión latinoamericana. Y Jackie con apenas 11 años, (hoy una atractiva ejecutiva de una empresa turística) después de Meet the Beatles, simplemente quiso parecerse a ellos y decidió cortar su pelo, vestirse como los muchachos del famoso cuarteto y andar de riguroso negro bajo el nada piadoso sol caraqueño.

Las escobas de Liverpool (como le decían a los Beatles), esto, las escobas de Liverpool aquello, contaba desde Madrid el chileno Raúl Mata, “uno de los disjokeys más famosos que ha tenido América Latina y que nos mandó los primeros discos, en el 65”, según Lizarazo. Radio 15 por fin programaba Beatles y la fiebre, de grado en grado iba aumentando.

Radio 15, la primera emisora para 15añeros o teenagers de Colombia, le puso micrófono al eco de los gritos de los adolescentes europeos por la invasión británica. Dirigida inicialmente por Carlos Pinzón (65) fue una de las más importantes precursoras de las emisoras rock, la que vendría siendo como la mamá o la abuela de Radioactiva, confiada a Lizarazo en el 66, un año después de que se ganara su primer premio (de tantos que ha recibido en su vida), un Caracol de Oro, por mejor disjokey de la cadena radial.

A Lizarazo se contrató para programar todo el día lo que llamaron “música moderna”, (esto era: baladitas ye, ye, sí; rock and roll, también; boleros, música tropical o tradicional ¡no!), pero le dio por votarle corriente a mil ideas como Juventud Moderna, una especie de Factor X radial, que luego concretó en un programa de TV y que llevó a Caracol a los primeros lugares de sintonía en una época en que no se pagaba por una franquicia y algunos ejecutivos de radio y TV le apostaban a algo llamado creatividad.

Cuando Lizarazo quiso grabar a músicos y bandas que empezaron a multiplicarse, las disqueras le dijeron: esos mechudos qué van a vender, (los publicistas no veían a los jóvenes como potenciales compradores de un cepillo de dientes, si quiera). Entonces Lizarazo inventó su propio sello Estudio 15. Como no tenía cómo pagar un estudio, llevaba a los músicos al Radio Teatro de Caracol y grababa entre las 12 de la medianoche y las cuatro de la mañana, cuando no se escuchara el ruido de los carros de la calle. Uno de los que se acercó fue Flippers y allí –como todos- grabaron su primer compacto por dos canales (para la época se hacía disco de acetato de cuatro canciones, dos a cada lado).

Las estrellas de Estudio 15. Parte 1

Un día Los Flippers tuvieron suerte y el surgimiento del rock nacional también.

“Después de haber pasado por las que pasamos, como tocar en el estadio de Manizales, en la mitad de la cancha con un amplificador de 12 vatios”, tal como cuenta el flipper mayor: Arturo Astudillo…

…viajaron, patrocinados, a Miami y se trajeron los mismos modelos de instrumentos de John, Paul, George y Ringo Starr y equipos de amplificación Voxx de 200 vatios del almacén AC Music (el suceso tecnológico del momento, en Colombia, registrado y todo en el periódico).

A su regreso a Colombia atraparon como moscas a músicos aficionados y transeúntes en la vitrina de exhibición del almacén Apam, en la esquina de la 13 con 63 de Chapinero, Bogotá, quienes se quedaron horas enteras mirando los instrumentos, “chorreando babas y esperando los fines de semana a que nosotros tocáramos”, como recuerda Astudillo.

Un primer sencillo que Flippers grabó con Lizarazo, la canción instrumental El pájaro taladro, también se disparó y sonó en todas las emisoras y se bailó en todas las discotecas.

Pero Jackie sólo descubrió a Flippers por su siguiente trabajo Con una pequeña ayuda de mis amigos, y no a través de Radio 15 sino de Radio Tequendama, que era la competencia, una emisora un poco más crossover o “más diversa” en su programación, algo así como el antepasado de La Mega. “Como beatlemaníaca que soy, al escuchar esa canción me pareció una versión tan buena que la escuchaba 20 veces al día”, dice Jackie quien se emocionó tanto con Flippers que les armó club fans.

Entre tantas y tandas, conciertos y bandas, Los Flippers no fueron exactamente los precursores -lugar más merecido por Los Speakers-, pero sí fueron uno de los primeros y los más populares, nada menos que las estrellas criollas que por más tiempo han brillado en nuestro firmamento rock.

“Con su fabuloso equipo beatle” tal como se anunciaban -en la prensa y los afiches publicitarios para cada concierto- y las cuatro luces rojas que trasteaban a todo lado, Los Flippers merecen un apartado especial dentro de nuestra aún incipiente historia del rock, porque además -quizá como ninguna otra banda hasta hoy-, tocaron en cuanto teatro, colegio, parque, club social, programa de televisión o radial, discoteca, almacén y hasta droguería del país que pudieron, sin detenerse una sola semana, por ¡¡ONCE AÑOS CONSECUTIVOS!! grabaron cuatro discos y tuvieron su propia discoteca: The Flippers Discoteque.

Un día, hace algunos años, cuando Arturo Astudillo fue jurado de Rock al Parque, ante la cantidad de bandas locales que conoció y escuchó (400 en total) no pudo evitar preguntarse de dónde salen tantas y si hay tantas por qué no se ven “¿Dónde las promocionan? ¿Dónde se escuchan?”.

En la época flipper de Astudillo no hubo 400 bandas, pero sí intenciones y una férrea lucha por la promoción de la música. Las discotecas (los sitios de parche de la época) que entonces se expandían con voracidad a distintas zonas de la ciudad (cual cafés Internet por estos días); los parques, los teatros; unas cuantas emisoras como Radio 15, Radio Mundial, Radio Tequendama y un puñado de grupos por pura goma le apostaron a lo propio y se amalgamaron generando un solo gran movimiento. Y el movimiento telúrico fue… tembló durante una década y un año.

Piojos y sicodelia
La música en inglés por fin entraba, poco a poco y con algunos años de atraso -como todo siempre aquí-, pero llegaba. Las melenas de los muchachos empezaban a crecer y las faldas de ellas a acortarse. Entre mediados y finales de los 60s andaban todos locos pero no drogados. “Hasta ahí, -según cuenta Lizarazo- era una época muy sana, la gente tomaba Coca – Cola y Cuba Libre, que estuvo de moda por Castro, que apenas se inauguraba en el poder. Después de Woodstock, en los 70s fue cuando se disparó la vaina y se empezó con la marihuana porque Woodstock tampoco era coca, ni nada de eso”.

Los grupos nacionales traducían Rolling Stones, Beatles, The Who, The Animals a nuestra pasión e idiosincrasia. Sonaban por la radio, vendían discos, hacían giras y no se quebraban. Primero el rock y la música “joven” en general no servía para nada y luego, de pronto, sirvió para todo hasta para vender las cremas, lociones y desodorantes que compraba mamás y tías. Los Flippers, por ejemplo fueron contratados por Yardley para tocar en la droguería o almacén de cada ciudad donde se vendían sus productos de belleza. Así, en una camioneta, con dos guitarras, bajo y batería recorrieron el país, entre el 70 y el 72.

Cuenta la historia que con el tiempo Flippers adquirió el don de la ubicuidad, aparecían en televisión, se les veía tocando en Popayán, en Barranquilla o en su Flippers Discoteque, de Bogotá, a la vez.

Giras famosas como la Milo A Go – Go, también dejaron buenos dividendos “de satisfacción” a organizadores como Lizarazo, que contrario a lo que mucha gente pueda pensar “¡Nunca me hicieron rico!”, según aclara. Con la gira se promovió gente como Flippers, Speakers, Yetis, las chicas A Go – Go (bailarinas que acompañaban los shows) y los cantantes ye, ye (los niños pop de entonces: Oscar Golden, Harold…).

Los presentó durante dos años (66 – 67) en casi todos los coliseos del país, deteniéndose apenas unas cuantas veces, como en Manizales y en Medellín. En la primera ciudad los curas no los dejaron entrar por las minifaldas de las A Go – Go. Y en Medellín, había tanta gente expectante de la gira Milo A Go – Go que cuando llegaron los Speakers, los rodearon a la salida del hotel de tal manera que no pudieron llegar al concierto. Y como previamente la Iglesia le había echado la mala vibra al concierto, incluso a través de la prensa, muchos fans paisas, quizá buscando culpables por el aplazamiento del toque, se desquitaron tirando piedra al Palacio del Obispo, donde residían quienes no perderían el papayaso de decir: vé, que teníamos razón esa música descontrola a los muchachos.

“Las mamás se asustaron, los colegios se preocuparon, los abuelos se angustiaron y los curas temieron que se hubiera metido el diablo. Pero cuando los jóvenes acudieron en masa a comprar biblias, hicieron pensar a más de uno que quizá se estaba formando una nueva corriente religiosa”, dice Armando Plata Camacho, una especie de Alfonso Lizarazo, es decir de promotor quijotesco, pero de la etapa de los 70s. Y tal y como lo reseña Plata Camacho en su libro: Ser alguien, efectivamente las biblias se estaban agotando en Colombia porque el papel de arroz era el mejor para armar los porros.

La situación se ponía peliaguda, ya Miguel Durier, el cantante de Flippers advertía sobre la estigmatización “los obreros de construcción nos tiraban ladrillos y en cualquier calle la gente le gritaba a uno: ¡marihuanero! ¡marica! ¡córtese ese pelo!”.

“Los hijos, del Gobernador de la Guajira y del presidente del Diners y Jairo de Jesús G. alias Blacky fueron privados de la libertad por haberles encontrado la planta diabólica”, así salieron reseñados por los periódicos de Cartagena y Barranquilla, los músicos Carlos Álvarez y compañía. Álvarez insistía “que no era marihuana, que era tabaco para la pipa. Pero la Policía nos llevó a la estación. El cabo que nos recibió estaba bravo. Para qué me trae esos hippies, no ve que son hijos de papi, vayan y consigan los malos”, reclamaba; y sin embargo al señor Álvarez, padre, le enviaron el recorte de prensa a Bogotá. “Eso fue la misma Policía”, piensa Carlos.

“Acostumbrábamos ir en autostop de Bogotá a la Costa, con tres o cuatro amigos músicos. Y todo el mundo: ¡los hippies!, ¡los hippies! Y nos llevaban. Al llegar a Cartagena, al vernos la Policía también: ¡los hipies! De una, requisa, y así no nos encontraran nada pa’ la estación. Lo mismo en Barranquilla, ni siquiera alcanzábamos a atravesar la estación del Ferry. A veces el comandante: nooo, pa’ qué me traen a estos, pero los otros: jefe deje que toquen una de los Beatles o de los Rollings antes para que se vayan”. En Santa Marta que entonces era más pueblo que los otros dos, ni los dejaban entrar, según Carlos.

Ni siquiera se salvó del incómodo señalamiento Manolo Bellón, con todo y el aura de nerd que lo cobijaba (la primera vez que entró a una cabina de radio lo hizo como oyente, invitado por Édgar Restrepo para corregir la mala traducción y pronunciación que el mismo Restrepo había hecho en uno de sus programas). “Hasta bien entrados los 60s, también era duro andar con pelo largo. En los buses, los pasajeros y en las aceras de las calles los transeúntes, se le abrían a uno. Un día iba caminando por la 92, desde la 15 hasta la 7, cuando dos policías detrás de mí: mechudo ¡HP! Durante 10 -15 minutos, atrévase a agredirnos. Insultándome todo el camino a ver si yo reaccionaba”, recuerda Bellón.

Gente de la época, como Bellón tiene la certeza de que agentes del F2 (grupo de inteligencia secreta del Ejército, de entonces), eran los más asiduos a los conciertos roqueros. “Tratando de pasar desapercibidos, siempre al acecho de qué cosa extraña estaría tramando toda esa gente tan rara (que era cómo nos veían)”.

Original o copia ¿Cómo registramos?
Por otro lado, la música en inglés por fin entraba a los oídos y cerebros de los teens, pero el rock en español se empezaba a promover. Los Speakers alguna vez cantaron: ¡Help! Ayúdeme alguien, ¡Help! Pero no cualquiera… y los Flippers lanzaron: El sargento flipper y su banda de corazones solitarios, unos meses después del Sargent Pepper’s. Aunque “ambos eran originales. Colombianos no copiando, sino interpretando, creando”, defiende Lizarazo. Y “siempre tuvimos composiciones propias”, reafirma Astudillo, de Flippers. “La música que los influenció a ellos era de afuera, pero eso era parte de nuestra realidad porque el rock era lo que nos interesaba y como sea, vendieron, tuvieron éxito, fueron nuestros Beatles, nuestros Rolling Stones, con la diferencia de que a estos sí podíamos verlos en nuestros parques y teatros; en Lourdes y en Corferias”, considera Manolo Bellón.

Sólo en Bogotá, entre 1964 y 1979, hubo para todos los gustos, nacieron, crecieron, se disolvieron, cambiaron de nombre, de integrantes o los intercambiaron entre sí, bandas como: Los Streaks, Los Yetis, Los Apóstoles del Morbo, Los Caminantes, Fuente de Soda, Malanga, Glass Onion, Young Beats, Tribu 3, La Banda del Marciano, Aeda, Tranvía, Teipus, La Planta, Time Machine, Beatnicks, Ship, Los Desconocidos, Limón y Menta, Limón y Medio, Belcebú, Karne Dura, Columna de Fuego, Terrón de Sueños, La Banda Nueva, Siglo 0, Contrabando, Cascabel y muchas que seguramente se escapan.

Formó grupo gente del sur como Los Ámpex, bautizados así por Lizarazo con la esperanza de que Ámpex, la marca de grabadora de la época los patrocinara, cosa que no pasó jamás; los niños bien del norte tuvieron representación con Fuente de Soda, Play Boys o los 2+2 (con Diego Betancur, hijo del presidente Belisario Betancur, a bordo); y hasta los gringos, hijos de diplomáticos y ejecutivos de multinacionales que estudiaban en el Nueva Granada de Bogotá armaron The Wallflower Complexión y Hope. El movimiento los sacudió a todos, pero tarde o temprano su furiosa fuerza lo derrumbaría todo.

Y telúrico el movimiento fue
En Ancón (Antioquia) 1971, la generación 64 – 75 tuvo su oportunidad de experimentar el éxtasis máximo, no sólo por el descubrimiento de la belleza del campo antioqueño y sus sembrados de cacao y hongos, sino porque se trataba de nuestra propia versión de Woodstock con todo y tarimas regulares, sonido peor, grupos más o menos, pero la vibra colectiva, de lo mejor. Los Flippers en Ancón no estuvieron. Ya eran parte de la farándula y les quedaba muy difícil aceptar un concierto sin contrato previo, algún pago anticipado, la garantía de los tiquetes en avión y hospedaje en hotel.

Pero, que ¿Ancón tuvo que envidiarle locura a Woodstock? Por favor, esto es Colombia. Nada extraño faltó por verse. Hasta el público tuvo público. Montones de montañeros de pueblitos vecinos y de Medellín asistieron a no escuchar los conciertos y a observar a más de 150 mil hippies de todo el país, cuál atracción cirsense. Ni el alcalde de Medellín se resistió a Ancón. Por cierto, al mandatario local le costó el puesto su asistencia a tan “particular” espectáculo y encima reconocer en declaración pública a los medios que: “lo hice en compañía de mi familia y me pareció agradable”.

Estrenando nueva década, rotos quedaban muchos esquemas y parecía que nada más había por romper. Sin embargo, un público desbordado en el momento en que empezaban a expandirse las drogas procesadas sin instructivo de uso ni contraindicaciones claras, empezó a destruirlo todo, a no dejar nada ni para sí ni para el movimiento. “En el momento del arqueo de los conciertos prácticamente el dinero que se recaudaba en taquilla tocaba dejarlo en recaudo para pagar telón, baños, sillas. Y poco a poco dejaron de prestar parques, teatros”, por estas razones, según Astudillo, llegó en los 70s el receso definitivo de tan inusualmente fructífera etapa del rock en Colombia.

“Iniciamos nosotros e inició el movimiento en 1964 o viceversa: el movimiento empezó y con este los protagonistas, entre ellos: Flippers. Y Flippers y movimiento, terminaron en 1975. En enero del 76 ya no había grupos, conciertos, nada. Los músicos seguirían, lógicamente, otros al regresar del extranjero (luego del éxodo masivo del 75 al 80, aproximadamente) intentarían hacer algo, pero lo que fuera no se podía considerar movimiento nunca más”, dice Astudillo sin ningún asomo de pudorosa modestia.

A mediados de los 70s, antes de la Compañía Ilimitada de los 80s, Cómo Decirte (How I Can Tell You de Cat Stevens) sonó hasta el cansancio, gracias a Génesis, que hizo el cover primero, pero esa fue otra historia que corresponde a la generación que desplazada la onda rock and roll por folk latinoamericano, la del 75 al 82, aproximadamente.

Asomándose a los maravillosos 80s, siendo aún muy joven el hiperactivo Lizarazo sufrió un infarto, dice él que por exceso de trabajo. Para entonces sólo había sido disjokey, presentador, director de radio y tv, asesor musical y creativo de disqueras, jurado de concursos musicales en Venezuela, Brasil y España y promotor de músicos y cantantes. Flippers hacía rato estaba disuelto aunque en el 81 Astudillo intentó rehacerlo, grabó el LP Llegarás, pero no llegó ni siquiera a promocionarlo “porque adónde iba todo el mundo decía: ¡los Flippers! ¡Volvieron! qué chévere, lo último, la noticia y ponían el disco y luego decían ¡Ay! qué pena pero es que ya no estamos poniendo música en español”.

Lucero Rodríguez G.

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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