Soberbia y talento

Dictador, incluso desde los tiempos en que no tenía fama ni plata. Visionario, frío y perfeccionista. Aún se escucha el eco del pueblo que gritó por él: ¡libertad, Jairo, libertad! y 15 años después lo despidió como si se tratara de un concierto más. Jairo Varela, niche de éxitos, cárcel, demandas, exilio y nostalgia.

(¿De dónde podría copiarme una foto para poner aquí sin que me demande alguien?)

Fue duro con la disciplina, pero el miércoles 8 de agosto de 2012 el compositor incumplió la cita que tenía con José “Chepe” Aguirre, quien había sido su arreglista cerca de 20 años. Hasta ese día vivió el compositor Jairo Varela. A sus 62 años, murió víctima de un infarto en el baño de su casa. Sus seguidores lo despidieron en el cementerio como en el cierre de una buena función.

 ¡Se lució Jairo, se lució!

A principios de los 80’s, Cali, despertó un día con un fuerte olor a salsa, que se servía bajo la luz de un nuevo cielo. Acostumbrados al sabor de otros pueblos como el cubano o el nuyorican, algunos melómanos vieron color propio en el preparado que les traía Varela, otros lo miraron con un expectante recelo.

De ocho años ya conformaba su primera agrupación “La Timba” en el barrio Roma de Quibdó. De joven, cuando era flaco como un pitillo (pitilli), llevaba bajo el brazo un cuaderno repleto de cantos escritos por él mientras vendía mercancía para sostenerse económicamente y cavilaba el proyecto que cambiaría su vida.

Más tarde, las llamas de un incendio en Quibdó, alentaron la salida de Varela hacia la capital. En los 70s se dedicó a buscar chocoanos talentosos entre Medellín y Bogotá. No faltaron músicos, pero sí un espacio, que apreciara mejor un grupo dispuesto sólo a tocar salsa, en contra de la ley de grilles y discotecas capitalinos, que entonces imponían meterle baladas y chucuchucu (tropical) al repertorio para sostenerse en la escena nocturna. La base del grupo se armó en el 78 con Alexis Lozano, Nicolás Cristancho, Alí “Tarry” Garcés, “El Brujo”, Pacho García. “Teníamos un trabajo adicional, que hacíamos mientras cuajaba la idea”, diría Varela en una de las entrevistas que le hice cuando se autoexilió de Colombia, hace 9 años atrás.

Un añadido final a la receta dio un giro casi accidental. “Dijimos: hagamos un tema como para Buenaventura, pa’ la tierra que siempre nos ha recibido bien, donde nos iba bien a pesar de no estar pegados, y completamos la grabación”, cuenta Fabio Espinoza, primer trompetista, reclutado por Varela y Lozano, cuando este trabajaba en un grill restaurante de Unicentro, en Bogotá.

Mientras participaba en grabaciones y toques que le salían con Niche, Espinoza empezó a dejar reemplazos donde trabajaba. Hasta que Buenaventura y Caney, la ñapa del disco, una vez terminó de grabarse, pegó y abrió paso a Niche entre la comunidad internacional de la salsa, ofreciendo disculpas de antemano por meterse en sus legendarios lugares comunes con un puerto pobre, negro, pero salsero y Niche despegó… A Nueva York hoy mi canto, perdonen que no les dedico… a ti mi Buenaventura con amor te lo dedicamos…

Sonaba en Estados Unidos y empezaron las llamadas del exterior preguntando quiénes eran, mientras Varela cocinaba una movida arriesgada, hacia una ciudad más pequeña, pero más salsera, entonces, que Bogotá. Pareciera que la Cali popular hubiera firmado el pacto de adoptar y adorar a Varela, por encima de cualquier adversidad, una vez se radicó allí. Él lo agradeció sublimándola en un estribillo memorable y rebautizándola, Cali Pachanguero.

Después de la primera gira a EU, en junio del 82, “el público, los medios, la publicidad, etc. se dieron a la tarea de darnos a conocer porque creían que lo que hacíamos era bueno”, según el mismo Varela. Estar por primera vez en el Madison Square Garden tocó a la puerta del chocoano a través del promotor Rafi Mercado, en el 86*. “Eso fue comprometedor. Aunque más tarde tocamos muchas veces más ahí, entonces nos la jugábamos toda”, recordaba Varela.

En pleno boom de los 80s, el chocoano quiso ir hasta Marte. Y lo logró. Woodstock reunió 400.000 personas en 1969; Grupo Niche se presentó frente a unas 800.000, en el Campo Marte de Lima en 1989. Abrió su estudio de grabación y quiso tener canal de TV, escuela de formación de actores y abrir la discoteca más grande del mundo, todo y casi a la vez. Inauguró una –al menos enorme–, Disc Show Room, de 7.500 metros cuadrados, al oeste de la ciudad, un exclusivo sector donde el color negro de la salsa no pintaba bien y los vecinos se oponían a la apertura del lugar.

La discoteca se inauguró en agosto de 1995. Ese mismo año las autoridades allanaron el sitio buscando su contabilidad y encontraron un patrimonio declarado por 12 millones de pesos, cuando estimaban que la inversión real podría superar los 2000 millones. Por eso y un cheque por servicios musicales prestados a la familia de Rodríguez Orejuela se inició investigación contra el compositor, bajo la presunción de enriquecimiento ilícito.

Espíritus malignos

Fue su madre Teresa Martínez, educadora y escritora de versos, que influenció a Varela, llenó de magia su infancia y le atribuyó milagros a su sobrevivencia. Hay un capítulo del nacimiento de Varela escrito por ella que dice que estaba predestinado a la grandeza; cuenta cómo estuvo a punto de morir en el parto, pero se salvó.

En medio de ese manto místico, tan chocoano, que envolvía su nombre, quise saber sobre aquello de que Varela veía a su abuelo muerto en los conciertos.

–¿Todavía se le aparece?

–No. Jamás lo ha hecho.

La relación con el padre fue muy poca.

–Porque no lo tuve, lo conocí a los nueve años.

Sobre la madre, quien lo empujó en su sueño musical regalándole una guitarra y dejándole por escrito todo cuanto sentía por él, en cambio, las palabras de Varela nunca fueron suficientes: “Me llenó de principios, me abrió puertas, me mostró el horizonte, me procreó…”, recordaba, el hijo que no la pudo sepultar. El sacerdote Javier Uribe, ex rector de la Universidad de San Buenaventura de Cali, tuvo que llevarle el cadáver de ella hasta la Casa Fiscal, Antiguo Buen Pastor, donde estaba recluido. No tuvo permiso para ir al cementerio. Entonces se sentiría solo.

 …Si por la Quinta vas pasando…

Catorce años más tarde, unas 200.000 personas, acompañaban su féretro invadiendo una de las arterias, que atraviesa Cali de norte a sur.

El cuerpo del chocoano también fue movido de un lado a otro, como el de su madre años atrás; esta vez por gestos más honoríficos hacia el compositor. Cuatro soldados, tres banderas y unos 25 arreglos florales rodearon a Varela en su velorio. Fue llevado al teatro Jorge Isaacs y dos días después, trasladado para dar paso a una función allí programada. Antes de su sepultura, en alrededor de 48 horas, también estuvo entre la funeraria, el coliseo Evangelista Mora y el Concejo Municipal; viajó en avión entre Cali, Quibdó y Buenaventura, sumando banderas, flores, cánticos y un enjambre de seguidores y curiosos alrededor de su caja.

 A lo lejos se ve mi pueblo natal…

Por su muerte se vieron a sus cantantes, abrazados, llorando; su esposa, la exreina chocoana, Damaris De Diego, de negro, con un Shih Tzu blanco en brazos; varios artistas, en concierto, a las afueras del lugar de velación; Fruko, con la voz entrecortada firmando autógrafos; Alexis, acongojado y Hanssel, con la mirada baja.

Amigos como tú

–¿Es verdad que quiere más a su perro que a mucha gente?

–Hombre, de verdad que sí. –Contestó, aquella vez sin pudor–.

En febrero de 2003, la última vez que hablamos, Varela tenía un French Poodle, llamado Jerry, luego tuvo un Shih Tzu y revisando notas de prensa noté que más fácil se le veía con un perro en brazos que con una sonrisa en los labios. Hombre de pronunciadas ojeras, sedentario, que exhalaba humo de cigarrillo casi con cada respiración y para quien el trabajo era una locomotora que no paraban ni la hora de comer, ni la familia, ni el encierro en una cárcel, ni tres infartos previos.

–¿Tímido, introvertido o poco sociable? ¿Cómo se define?

–Con lo último.

Casi desde los inicios de Niche, la impronta en muchas relaciones con Varela fueron las rupturas por diferencias económicas o incompatibilidad de caracteres. Apenas en etapa de consolidación de Niche, Alexis Lozano desapareció un día y arrancó su propia empresa: Guayacán, el grupo que medios y empresarios, se empeñarían en promocionar tantas veces como rival de Niche.

A principios de los 90s, un mano a mano de Niche y Guayacán en Cali encendió la controversia por el tono de las arengas que Lozano lanzó contra Varela ese día. Este último no respondió, pero se molestó. El tema se convirtió en la comidilla de los medios, que varias veces llamaron para hablar al respecto a Umberto Valverde, melómano escritor y amigo de Varela. En una ocasión a Valverde se le ocurrió decir que no le parecía adecuada la actitud de Guayacán, pero que había sonado mejor que Niche, lo que le valió la primera fricción con el compositor.

“Con cualquier señal de que uno no estaba incondicionalmente con él, se resentía. Jairo, a pesar de que yo había sido su amigo desde que llegó a Cali y le había demostrado mi aprecio por tantos artículos y mi interés por su música y su persona, lo primero que dijo a la prensa fue que seguramente Alexis me había pagado para decir eso. Me pareció un desaguisado. Entonces lo traté mal en varias entrevistas. Todo el mundo sabía de mi aprecio por él, que iba más allá que con Alexis. De RCN radio me volvieron a llamar por esto. Sabían que aceptaba participar en el programa si no estaba Jairo. Me engañaron, estaba ahí, dije que les iba a colgar, pero en parte era solicitado por él, para darme unas disculpas públicas sobre el caso”, contó Valverde. Después renovó su amistad con quien consideró “el director de orquesta más importante que ha tenido Colombia, después de Lucho Bermúdez”: Jairo Varela.

Pero en cuanto a rupturas insalvables, la que mayor revuelo causó fue a finales de los 80, cuando varios músicos armaron sindicato y pidieron un aumento de sueldo, que Varela calificaría de exorbitante. Decidió no hacer ninguna concesión a los reclamos, sabiendo que se quedaba con cuatro músicos, a pocos días del concierto de la Feria de Cali. Así que, en pleno apogeo de la agrupación, la Feria de 1987 abrió con el anuncio: Señores esta noche el Grupo Niche no va a tocar. Varela se quedó sin orquesta seis meses más.

Luego aparecieron los músicos contándole a los medios que renunciaban para crear la orquesta conformada por el más grande grupo de desertores “libres” de Varela: Los Niches. La anécdota, tal y según la relataron varios de los músicos que la protagonizaron, dejaba entrever que se buscaba además de un reconocimiento económico y político y un trato menos estricto.

Alguna vez el compositor se enfureció con el cantante Javier Vásquez por salir en una entrevista de la TV de Costa Rica con el último botón de la camisa sin abrochar. En los 90 llegó a poner multas hasta de un millón de pesos por llegar tarde o con el uniforme que no correspondía.

Más tarde, cuando el trompetista Oswaldo Salazar, quien salió a formar parte de los Niches, notó que el nuevo grupo se desordenaba y al parecer extrañaba un poco de la disciplina militar tipo Varela, desertó de entre los desertores y volvió con él. “Para escribir lo que escribe no puede ser tan malo”, me diría en su momento, Oswaldo Salazar. Una vez Jairo supo que Salazar ya no conformaba Los Niches lo llamó a trabajar con él. Pactaron nuevas condiciones laborales y fue uno de los músicos de más tiempo con Niche.

De todas maneras, de esos momentos que cada una de las partes superó, quedan los recuerdos, y bueno… una canción solicitada al compositor y actor Hanssel Camacho, coterráneo de Varela, a quien Los Niches le hablaron de su relación con él, para que se inspirara y compusiera Amigos Como Tú, un tema no muy amistoso, sobre un hombre avaro, dedicado implícitamente al director de Grupo Niche.

“Un día me dijo: No debiste haber escrito esa letra—, contó Hanssel que le dijo Varela—. Y desde entonces se mantuvo una amablemente distante relación entre ellos. Hanssel estaba en Ecuador por una presentación en Guayaquil cuando supo sobre la muerte de Varela. “Estaba en un bar con Jimmy (el hijo de Oscar de León) y nos dedicamos a escuchar dos horas de Niche. A los chocoanos nos duele”.

Eso de que el velorio de un músico por lo general trae algo singular, que rompe el protocolo, lo confirmó la irrupción de la trompeta de Fernando Martínez, con quien grabó Cali Pachanguero, quien convirtió el murmullo de los dolientes en barullo y los sollozos en palmas de acompañamiento con el difunto mudo en el escenario del Jorge Isaacs y su Cali Pachanguero, todavía armando alboroto.

Cárcel, exilio, libertad

En junio de 2002 dos músicos de Niche fueron señalados de narcotráfico en España. Un amplificador se extravió en el aeropuerto de Madrid y apareció dos días después con droga. Jimmy Saa y Daniel López alegaban su inocencia.

“Me sentí mal, traicionado, decepcionado, de ver a unas personas en que uno deposita toda la confianza, de ver que un conjunto musical se dedique a hacer cosas distintas y por lo cual nosotros como comunidad estamos cuestionados en todo el mundo”, dijo en su momento Varela. Esto, sumado a su propio calvario en la cárcel y la sombra que ya le había hecho a su imagen, coincidió con la decisión de Varela de quedarse en E.U.

Siete años después el Tribunal Superior de España instó al Estado español a indemnizar con más de 140.000 euros a los músicos, que permanecieron 13 meses en prisión preventiva en España y luego fueron absueltos de los cargos. Inmediatamente después de superado el mal momento, Jimmy y Daniel aseguraron a la prensa haber recibido varias propuestas de trabajo en Colombia y España.

Mientras que la absolución del propio Jairo, en cambio, nunca llegó. Infructuosos fueron los esfuerzos de su abogado Armando Barona, quien sin respuesta, llegó a abordar hasta al entonces Fiscal Alfonso Gómez Méndez y a tocar las puertas de la OEA en Washington, para que revisaran la violación al debido proceso y los derechos humanos, cometidos en este caso, según él.

Un cheque cobrado por un concierto de Niche en un establecimiento de los Rodríguez, fue el inicio de las investigaciones, que terminó en la detención de Varela en 1995. Otros artistas como Albita Rodríguez, Oscar de León, Juan Gabriel y hasta los personajes del Chavo, habrían sido contratados por gente del Cartel de Cali, según Fernando Rodríguez, hijo del extraditado Gilberto, en su libro El Ajedrecista. “La persecución la hicieron contra el Grupo Niche, de pronto por ser los más representativos y porque necesitaban poner un ejemplo que causara miedo en los demás”, diría Varela a la revista Bocas el último año.

Pero la cárcel no privó a Varela de la libertad de producir dos álbumes. Chepe Aguirre, casi como otro compañero de celda, lo acompañó todos los días de 10 a.m. a 6 p.m. sin computador, con guitarra, papel pentagramado y lápiz. Se daban ideas, se escribían y luego Chepe las grababa en el estudio. Así se acuñaron frases ‘A Prueba de Fuego’ como: Aprender a vivir entre el odio xenófobo, grosero. Eso dio pie para sacar pecho de mi origen pueblero. Durante la grabación, el compositor se comunicaba con el grupo desde un teléfono público de la cárcel, gracias a una instalación que hizo el ingeniero de sonido entre la consola del estudio y el teléfono para que Varela oyera y definiera qué iba y qué no.

¡Libertad, Jairo, libertad!

Además de las cien mil firmas, que gente del común reunió solicitando la salida de Jairo de la cárcel, unas 50 mil personas, a quienes no les importaría el porqué estaba en la cárcel tanto como cuándo saldría, le gritaron su apoyo en el Superconcierto de la Feria de Cali del 96.

–¿Cómo se sintió?

–¿Cómo te sentirías tú?

–Emocionada, pero no sé cómo se sentiría Jairo Varela, a quien estoy entrevistando.

–Emocionado totalmente, desde la punta de los pies hasta la cabeza.

Aquella vez se arrodilló en señal de venia ante a su público y se fue.

El terco

Al volver de E.U. a Colombia, Varela estaba ya olvidándose de canales de tv o la discoteca más grande del mundo. La muerte, sin embargo, lo cogió con once capítulos de su novela que pensaba publicar: Luces negras y discoteca nueva, también con luces importadas (como era su costumbre), pero más discreta que la Disc Show Room, que no fue la única que tuvo, pero sí la inolvidable, por ser la que más daría de qué hablar.

“Querer hacerlo todo es esencial del hombre –diría el finado cuando quise saber su opinión sobre su fama de testarudo y controlador, aunque de pronto quiso matizarlo–: me gusta tener el control en lo mío más que en los demás”. Pero fue su propia frase: “cada uno se muere con la suya” y un recuerdo de Chepe, lo que se me grabó como el más concreto resumen de quién fue Varela:

“Una vez grabando en el estudio, estábamos discutiendo por un acorde que yo estaba haciendo y a él no le sonaba. Me decía que no era así y yo, que sí. Se puso tensa la situación. Salió abruptamente e imaginé que estaba muy bravo. Al rato entró con dos tintos, le echó azúcar al mío y los sirvió. Seguimos trabajando y se arregló la cosa. Eso para mí fue un gesto muy bonito, que JAMÁS lo vi hacer con NADIE”.

–¿Y cómo quedó el acorde?

–El acorde quedó como él quería (risa).

*Lucero Rodríguez G.*

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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