Por el sur de América latina, andando… por la dirección incorrecta

Y bueno, después de dos aviones y 22 horas de andar con maletas aquí y allá y los pies pelados por las botas nuevas que compraste justo para caminar después de casi tres años de no usar zapatos en Cartagena, con pocos pesos locales en la cartera, te vas con un taxista muy porteño, de esos que dicen que ahora no hay onda con el Gobierno y el peronismo esto y lo otro, porque aquí los viejos también hablan muy en onda como la gente joven y viceversa.

Te sentís segura porque saliste de Caracas donde no hay un venezolano que no te diga que la Ciudad es sólo peligro y a cada dos pasos…

-¿Me pueden robar?

-!Matar!… por robarte.

Ya fuera de tu país tampoco tenés la prevención que con un taxista como los mamamondá cartageneros, que te puede tumbar sin hablarte siquiera de los sitios turísticos por el camino, porque seguro va y te cobra impuesto al robo por servicio de guianza adicional.

Te sentís segura porque en Buenos Aires en cambio te podés encontrar con un viejito tan buena onda, que te recibe con un amistoso y “desinteresado”: “No sos de aquí”, “Ah mirá, colombiana”, “¿Es tu primera vez?” y sin preguntárselo siquiera entre vuelta y vuelta te muestra por dónde La recoleta, El jardín japonés, La casa rosada, etc. hasta que sentís que en poco tiempo te pasearon bonito, literalmente, con dos, tres vueltas de más, alrededor de la dirección que buscabas y por eso te ha cobrado el doble de lo que realmente costaba, pero che, con guianza y casi todo incluido, menos tu voluntad de comprar ese tiquete.

Aunque no encuentra la casa, al menos te deja en Alberdi, por ahí ya encontrarás lo que pensabas que se llamaba Alberti (o ¿Había apuntado mal?), te sentís tranquila pensando en qué lindas son las pequeñas diferencias, sobretodo en eso de la pronunciación de las letras en cada país, hasta que te enterás de que taxista es taxista y una con etiqueta de turista es eso en Cartagena, Maracaibo ó a 20 kms de El jardín japonés, una hueva, una boluda, lo que sea, y, sin dinero local y afanada (1)* (literalmente, en ambos sentidos), aprendés para siempre, para una próxima vez, que de Alberdi a Alberti, la diferencia es de 30 cuadras y que taxistas mamamondá hay en todo lado.

Bienvenida a Buenos Aires. Antes del destino final, muy cerca ya. Hoy, más nublado que ayer, pero un día más relajado para ir a algún lado, por supuesto, no en taxi.

Trataré de contar de atrás para adelante, al revés, tal y como camina todo por nuestro hemisferio sur latinoamericano.

1*Afanada: con mucha prisa o de afán, en Colombia.
Atracada, asaltada, robada, en Argentina.

Buenos Aires, abril 22, 2014

Siguiente (click, click): De Colombia a La Patagonia no recibo dulces a “extraños”

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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