De Colombia a La Patagonia no recibo dulces a “extraños”

“Dejá de reflexionar sobre el viaje y viajar y contá algo, exponete más, sacate la ropa delante de los demás”, me dijo alguien, a quien a veces le hago caso.

A 4ºC hoy en Bariloche no pienso quitarme ni los zapatos siquiera para dormir. No, hoy no, pero sí tuve la idea de sacarme algo más de entre las medias, una carta a mamá.

Anoche mamá me dijo que ahora no va a leer cartas porque las gafas le están fallando y no ha tenido tiempo de cambiarlas, eso me obligó a escribir concreto y corto, breve, sucinto, preciso, al punto, al grano, sin tantas palabras, rodeos, vueltas, círculos…  entonces pensé sólo en una postal con un pequeño texto detrás:

Antes de salir quise solucionar hasta último minuto unos cuantos problemas domésticos y existenciales como que si la factura de agua se podía pagar por Internet y que si el viajar o mudarse de casa cada tanto multiplica los vínculos o crea más desarraigo y soledad ¿Será un estado constante de llenado, recarga y/o vacío? De no alcanzar a resolverlo, pensaba hacerlo mientras escribía sobre lo viajado y además viajaba. Demasiado para mí. Como siempre quise dejar todo perfectamente sincronizado: la casa, la maleta y mi cabeza. Traté. Aunque al final, como Picaporte en La vuelta al mundo en 80 días, creo que dejé la estufa prendida. Bueno, qué son dos meses, calentando la casa vacía. Tranquila mamá no uso electricidad, sólo gas !Pumm!

En cuanto al viaje, qué de tantas cosas te puedo contar para no preocuparte. Para que no sufras mientras yo me divierto tanto, te diré que NO le recibo dulces a desconocidos, sólo Halls para refrescar el aliento, hierba y vino. Mi viaje va bien. En abril salí de Cartagena a Venezuela rumbo a La Patagonia y sigo en ruta, quizá hasta El Calafate si la gasolina -o la nafta como dicen acá- me alcanza hasta allá ¿Llegaría hasta el final? ¿Con quiénes me encontraría? ¿De qué color pintaría el paisaje?Bariloche2 perro

La razón por la que hice este viaje se va construyendo y desconstruyendo en el camino. Salí con el sueño de conocer La Patagonia buscando un perro (no es el de la foto, mi primera vista de Bariloche). Busco El perro de Sorín, el de la Argentina humilde, que me sedujo más de lo que alguna vez vi en alguna postal de libro, peli o canción de una glamurosa Buenos Aires, ficciones de las que, a pesar de todo, todavía algo me atrae. Ya entrados en gastos e impulsos me obsesioné con conocer Venezuela y hacerme a ideas sobre la vida cotidiana del vecino, por fuera del cuadrado de la pantalla del computador o la tele y los dogmas ideológicos preconcebidos. Más allá de si el chavismo o el antichavismo va, quise darme cuenta de cómo va todo más a través del contento o el descontento de la gente en la calle, lo que sin ser nunca ciento por ciento objetivo (pues depende de cómo le vaya a cada cual en el baile $ Bs.) está más cerca de la realidad que lo que se sustenta por inercia desde monolíticas ideologías sostenidas desde la total e ignorante distancia y lo que mandan a decir otros -de un extremo al otro, de derecha a izquierda, de arriba a abajo- a través de los medios.

En la ruta Maracaibo, Barquisimeto, Caracas, lo que más me interesaba era conocer Caracas. A Barquisimeto lo metí de ñapa como por pasar por ahí nada más. Planeé que mi llegada a Buenos Aires coincidiera con la Feria del Libro y me propuse quedarme allí seis días, máximo, sólo por estar en esta Feria.Los ojos de Chávez

(A la ida) al final, me quedé la mayor parte del tiempo en Barquisimeto, tierra de la enorme flor metálica, La flor de Venezuela, su más importante atractivo turístico y un par de bares rock -si mucho-, pero el rock y la fiesta estaba en la gente que conocí; en Caracas si acaso alcancé a estar 24 horas, el sábado festivo de Semana Santa. Por Parque Central todo estaba cerrado hasta algún servicio de Internet donde pudiera imprimir mi tiquete de avión a Argentina, un día antes de tomar el avión. Después me daría cuenta que los locales comerciales de casi todo Caracas empiezan a cerrar desde las 6:00 p.m. por seguridad, aunque no sea día festivo.

En Buenos Aires estuve el doble del tiempo planeado aunque al final sólo fui un día a la Feria del Libro a la “charla” de J. M. Coetzee y Paul Auster, un súper evento lo suficientemente divertido como para olvidarme PARA SIEMPRE tanto de estas dos estrellas literarias como de la trascendencia de ir a cualquier feria de libro en adelante en Buenos Aires, Bogotá o Marte, donde quiera que haya “élite en masa”, reunida para confirmar que quienes escriben nunca serán más interesantes hablando.

La charla de Coetzee y Auster me hizo pensar mucho… IMG_7581en los panchos (perros calientes), que vendían al lado, mientras leían cartas, que se habían enviado entre ellos por varios años, sin intervención del público, ni de un conductor, sin siquiera una conversación entre los dos para contextualizar o al menos hacer menos aburrida “la charla”; cualquier cosa que pudo hacerse por Skype y ahorrarles unos buenos pesos a los organizadores y evitar la fila de más de tres horas a los asistentes, 15 minutos de problemas técnicos para iniciar, lo que provocó que los invitados se levantaran de la mesa por un rato. La retransmisión para los que nos tocó afuera, sentados en el pasto, le borró la sonrisita bonachona hasta a Francisco (testigo omnipotente, impreso en vallas gigantes de cada evento de la Ciudad, como los ojos de Chávez en cada esquina de Caracas). Hubo pantalla grande, pero no traducción al castellano, idioma oficial de estas zonas de por aquí de Estados Unidos para abajo (para quienes todavía no lo hayan notado) ¿Quién dijo que el snobismo se pelea con el tercermundismo? Pensé en que la fila para el pancho habría demorado una hora menos y sí que le competió en trascendencia, mostaza y tamaño al evento presentado como plato fuerte.IMG_7568

En mi ruta de Buenos Aires a La Patagonia he conocido a tantos desconocidos, que han viajado en mi viaje tanto como yo en el de ellos, como Pedro*, el chofer del camión del que tuve que saltar (click), con quien supuse que debía hablar de fútbol, motores o de los mejores cortes de carne, pero prefirió contar una triste historia de amor y después una incómoda confesión de sexo; o como Connor, el chico irlandés de 22 años, que recorre La Patagonia en bicicleta (100 kms diarios), que vi en Neuquén con unas largas piernas flacas, un suéter normal apenas para el frío de una ciudad como Bogotá (por la tarde), un precario español y mucha fuerza física y mental.

IMG_7973 2Con el español de Connor y mi inglés en algún momento no estuve segura de si hablabámos de las Farc y del Ira o de la importancia de hacer malabares en la Antártida sólo en días de luna llena. Lo importante fue que después de sus primeras siete horas de pedaleo del día se acordó de las herramientas que había olvidado en la casa donde se hospedaba en Neuquén y se devolvió. Al despedirse por segunda y última vez me dejó un ejemplo de lo que sí es determinación para emprender una aventura realmente audaz y un curso práctico de inglés para entenderme mejor con sus coterráneos en otras charlas: Cómo hablar en Belfast / norte de Irlanda (How to speak Belfast / northern Ireland) MUY ÚTIL click, click.

Connor1Tranquila mamá, conozco mis límites, sé del peligro de recibirle dulces a “extraños”. Siempre existe el riesgo de que se vuelvan muy bien conocidos, peligro (para ellos), no lo puedo evitar.

En Venezuela no había papel y aquí se le acabó la tinta a mi lapicero y hoy trataré de poner mi cabeza en el siguiente tramo: Bariloche – El Bolsón !Hasta la siguiente carta!

La siguiente carta (click, click): A mi amiga M** desde Neuquén, la puerta de la Patagonia (Argentina)

Acerca de lucerorodriguezg

Soy mujer. Escribo. He sido periodista y editora independiente. Busco algunas hojas en blanco virtuales para ver qué pasa con lo que dejo allí... Algo más sobre mí está en la etiqueta YO SOY LÚ. En las otras etiquetas hay algo de hormonas, rayones y notas inéditas y publicadas en otros medios. Ver todas las entradas de lucerorodriguezg

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