Bill, el amigo del Rey

No recuerdo muchos detalles sobre la entrevista a Bill, el baterista colombiano de Elvis Presley, pero sí que el artículo se vendió un día de cierre de la revista Rolling Stone. Hubo qué cortar más de la mitad, para que pudiera entrar en el único espacio disponible (una tira de tres columnas que había dejado un aviso de publicidad); de todas maneras se descubrió al personaje. Lo conocí en el bar San Sebastián de Bogotá, un día por casualidad, cuando apenas llegaba de incógnito a Bogotá con sus anécdotas de su vida de supervivencia en EU y su trabajo con Elvis. No faltaron los que sospecharon de la veracidad de esa relación, pero las fotos y detalles que daba Bill sobre la Mafia de Memphis y el Rey para mí concidían y eran coherentes. Apenas tuve de día para otro para entrevistarlo antes de regresar a EU. Finalmente se hizo con la adreanlina a la cabeza, en un inglés más o menos y corriendo, pero no quería dejarlo para después, aunque él tenía planes de vivir en Colombia no tenía ni idea si lo vería otra vez. Nunca se sabe. Sentí haber encontrado, seguro que algo más que un baterista de sesión y extra de alguna película por accidente; algo así como una uña, un pelo, en todo caso un rastro (colombiano) de Elvis… que traía en sus botas una partícula de ADN de la realeza. Bill era un hombre enérgico, vigoroso; con muchas ideas de empresario y con planes de organizar eventos especiales en Colombia. A los pocos meses se vino a vivir aquí. Se radicó en Villa de Leyva y al poco tiempo para sorpresa de quienes lo conocimos entonces, murió. Entonces dejé de entrevistar viejitos roqueros porque todos se morían luego.

En este momento no tengo a la mano la grabación original de la entrevista a este músico, multifacético y como no, amigo de Elvis -como ninguno de nosotr@s-, pero si encuentro la transcribo completa para quien le interese su publicación.

Si alguien que haya conocido a Bill Lynn tiene comentarios/anécdotas/recuerdos para aportar, adelante…
QEPD.

Publicado en la Revista Rolling Stone, 2005.

Salvando al cabo colombiano, Pablo, de las Farc: hazaña épica de un padre

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Full original article, here: Saving Colombia´s Corporal Pablo from Farc: a father´s epic struggle. (The Guardian / The Observer. Lucero Rodríguez G.) 

Salvando al suboficial colombiano, Pablo, de las Farc: hazaña épica de un padre

(traducción del texto publicado en The Guardian. Oct. 2009)

Gustavo Moncayo reza para reunirse esta semana con su hijo, 12 años después de estar en poder de la guerrilla.

A finales de diciembre de 1997, Gustavo Moncayo recibió una llamada de su hijo Pablo, de 19, quien prestaba servicio militar en la fronteriza región de Nariño donde una notoria influencia de la guerrilla estaba activa.

“Papi, si no hay fuegos artificiales, yo estaré para Navidad o Año Nuevo con ustedes”, dijo la voz entrecortada del otro lado de la línea, desde la base de comunicaciones del Ejército.

Aquello sonó como una advertencia. “Yo le pregunté: ¿Qué significa eso?-, dijo Moncayo, profesor del pequeño pueblo de Sandoná-. ¿Va a ver una fiesta por allá o qué?”.

“No”, contestó su hijo. “Nosotros pensamos que varios frentes guerrilleros se están acercando a Nariño para tomarse algunas bases. Pero yo quiero que eso sea un secreto entre usted y yo”.

“Me sentía morir, -recuerda Moncayo ahora-. Entonces nosotros no sabíamos nada de ataques guerrilleros y esas cosas en casa”.

Los miedos de Pablo y sus compañeros no eran infundados. El 21 de diciembre de 1997 a las 2:00 a.m. unos 250 guerrilleros asaltaron el Cerro de Patascoy, que los militares custodiaban. Quince incesantes minutos de fuego dejaron 22 soldados asesinados y 18 secuestrados. Más tarde fueron liberados 16.

Pablo no tuvo suerte. Casi 12 años después sigue secuestrado por las Farc en algún lugar de la insondable selva. Esta vez hay muchas posibilidades de que él finalmente pueda llegar a casa para la próxima Navidad. El mes pasado una prueba de vida en video de Pablo, ahora con 31 años, fue revelada por las Farc, acompañado del anuncio de su inminente liberación.

Moncayo apenas puede creerlo. “Yo he esperado tanto tiempo para ver a mi muchacho otra vez”, dijo a Observer. “Para decir al mundo entero que seguimos vivos y tal vez queremos empezar una nueva vida para tratar de dejar ese mal atrás. Yo sueño con ayudar a Pablo Emilio a crecer. Son 12 años como si nosotros como familia nos hubiéramos congelado en el tiempo”.

Si la libertad de Pablo tiene lugar –tal y como se espera para final de este mes– será el más feliz desenlace de una extraordinaria campaña emprendida por un hombre.

*
Desde esa fatídica noche de diciembre de 1997, Gustavo Moncayo simplemente se ha negado a rendirse en la lucha por intentar ayudar en la liberación de su hijo, generando controversia, antipatía y hostilidad entre los seguidores de la política del gobierno colombiano actual, a lo largo del camino.

Pablo se enlistó a los 17. Siguió en el Ejército. Había querido estudiar Ingeniería Electrónica pero sus padres, ambos profesores de bachillerato, no tenían los medios para pagar la libreta (exención para no prestar servicio militar). Estela, la mamá, duró buen tiempo desempleada, mientras Gustavo, el papá, cruzaba medio país buscando un empleo que le pagara un salario decente como maestro.

Antes de los 18, Pablo había sido ascendido a cabo (suboficial). Entonces vino el ataque de las Farc. Mala suerte la del joven cabo que la guerrilla que lo tuvo en su blanco en la gran ofensiva, que dejó docenas de soldados secuestrados. Veintitrés soldados y policías aún están secuestrados por las Farc.

Tras el ataque que trajo el secuestro de Pablo, su padre hizo un doloroso camino hacia la cima de la base de Patascoy a unos 4,100 metros (sobre el nivel del mar). Allí apenas encontró una grabadora destrozada, dos casetes de un curso de Berlitz y un diccionario, con los que Pablo estudiaba inglés. La larga pesadilla comenzaba.

Al principio hubo algo de optimismo. Durante los diálogos de paz, empezando década, el anterior presidente Andrés Pastrana desmilitarizó el área de San Vicente del Caguán, permitiendo a periodistas y políticos encontrarse y entrevistarse con la guerrilla. Allá Moncayo vio oportunidad de pedir a la guerrilla que se le permitiera a su hijo continuar estudios por correspondencia y otras “concesiones”.

“Mi papá casi vivía allá, -dice su hija Yuri-. Viajaba todo el tiempo a pesar de que seguía enseñando. Acostumbraba a llegar después de cincuenta y muchas horas de viaje, a veces, sin comer, y seguía a dictar clase sin decir una palabra”.

Pero no hubo progreso por casi nueve años. Los diálogos de paz empezaron a romperse, gobiernos iban y venían y Pablo permanecía en cautiverio. En 2006, llevado por la desesperación, Gustavo Moncayo se envolvió en unas simbólicas cadenas y se embarcó en una marcha para llamar la atención sobre la dura situación de su hijo.

Era un gesto que había ganado su acceso a los presidentes de Colombia, Venezuela y Argentina y lo convirtieron en héroe nacional para muchos. Más importante aún es que se aseguró que la suerte de su hijo se convirtiera en noticia de primera página.

Antes de las marchas de Moncayo, Sandoná apenas si era conocido en la región como un pequeño pueblo fabricante de sombreros. Este hombre de pueblo sin contactos o influencias se dio a conocer en Colombia tanto como los familiares de Ingrid Betancour, la ex candidata presidencial secuestrada en 2002 y liberada en febrero del año pasado después de un inesperado asalto militar.

“El miércoles pasado se cumplió el tercer aniversario de la campaña- cuenta Moncayo. Así que son tres años los que llevo cargando estas cadenas y al mismo tiempo se completan 11 años y 10 meses del secuestro de mi hijo”.

Le tomó 46 días caminar los 1,138 km de Sandoná a Bogotá para llamar la atención de Álvaro Uribe sobre el caso de Pablo, el presidente a quien su mismo padre le fue asesinado durante un fallido intento de secuestro de las Farc en 1983.

“Esa caminata tocó al país, -dice la senadora de oposición Piedad Córdoba-. El país reconoció el drama del secuestro a través de él”.

Pero no todo el mundo estaba impresionado. En un momento en que el gobierno colombiano estaba resuelto a aplicar la línea dura con las Farc, un llamado emocional de un padre por un acuerdo de paz y el regreso de su hijo fue vista como una distracción inútil. Cuando Moncayo y Uribe se reunieron en Bogotá, su solicitud de un acuerdo humanitario con las Farc para liberar a los secuestrados terminó en un malhumorado intercambio de puntos de vista sobre cómo hacer frente a la organización guerrillera.

De acuerdo con José Obdulio Gaviria, ex asesor de Uribe: “El discurso de Moncayo en la Plaza de Bolívar fue un desastre, que hacía el secuestro más, no menos, probable. Entre más alto perfil mediático de los secuestrados, más grande su importancia para los secuestradores. Mal haría en ser el contradictor de un padre por la liberación de un hijo, pero los secuestradores son absolutamente insensibles. Ellos tienen pocos valores éticos y morales”.

Córdoba piensa muy diferente. “Haber visto llegar a Moncayo a la Plaza de Bolívar tan devastado, haber escuchado las palabras tan soberbias del presidente y haberlos visto llorando solo con su hija y su esposa, fue un choque muy violento para mí”, dice.

“Moncayo duerme y se despierta con cadenas. Todavía lo hace. Eso me tocó tan profundamente que me llevó a tocar la puerta de Hugo Chávez para pedirle apoyo y me hizo tomar la determinación de hacer todo lo que pudiera para ayudar a los secuestrados”, comenta.

Los esfuerzos de Córdoba para mediar entre las Farc y el Gobierno en Bogotá, eventualmente llevaron a nominarla al Premio Nobel de la Paz de 2009, a pesar de las críticas de los seguidores de Uribe quienes la acusaron de convertirse en demasiado cercana al movimiento guerrillero.

*
En cuanto a Moncayo, siguió caminando, habiendo ganado el Premio Nacional de Paz en 2007. Y mientras él caminaba trataba de ignorar las voces que le sugerían que dejara la suerte de su hijo en manos del Gobierno. “Yo no quiero amigos ni enemigos, yo sólo quiero a mi hijo de regreso”, dice simplemente.

La siguiente fase de su jornada a pie lo llevó a Caracas en enero de 2008, acompañado de su hija, Yuri. Otra vez no todo el mundo aprobó su acción. De acuerdo con el sacerdote católico, Alberto Franco, miembro de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz: “Cuando él caminaba por Santander (cerca a la frontera con Venezuela) recibió amenazas de muerte por correo electrónico en las que él y sus compañeros eran acusados de apátridas. El lenguaje era muy similar al usado por los paramilitares (en Colombia)”.

Se solicitó incluso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que él debería recibir protección. Incluso ahora en Facebook, Moncayo ha ganado muchos amigos, pero también un sorprendente número de enemigos. Y no todas las amenazas a su seguridad son hechas online.

Pero mientras él caminaba con Yuri la causa fue ganando adeptos. Admirando su mezcla de idealismo y un poco de candidez, bloggers lo comparan con el héroe de Forrest Gump. Mientras que en Colombia él fue bautizado como el Caminante por la Paz. Le dedican una popular canción del español Joan Manuel Serrat y Moncayo canta la letra en su ruta: “Caminante no hay camino se hace camino al andar…”.

En Caracas, Chávez, quien se había ofrecido previamente a mediar con las Farc, prometió su apoyo y llamó a Moncayo “un extraordinario hombre”. El dinero del Premio Nacional de Paz ayudó a pagar parte de su primer viaje a Europa y el Parlamento Europeo. Una vez allí, él siguió caminando, promoviendo la causa de la liberación de Pablo en 22 ciudades. “Allí, ellos no te dejan caminar en las carreteras porque el tráfico es mucho más rápido que en Colombia”, bromeó.

Y en los últimos tres años, Moncayo ha estrechado la mano de presidentes, congresistas estadounidenses, activistas por los derechos humanos de ONG de todo el mundo y hasta logró los 10 minutos preciosos en audiencia con el Papa. Este año con su hijo en el 12 aniversario de cautiverio, Moncayo decidió llevar a cabo su propia búsqueda. Viajó a Caquetá y Putumayo, a zonas cercanas a las selvas donde se supone que está escondido Pablo, buscado por alguien que pudiera darle información sobre su hijo.

“Las acciones de Moncayo han tenido un innegable y fuerte impacto mediático”, comenta Rodrigo Pardo, ex ministro de Relaciones Exteriores de Colombia y director de la revista Cambio. “Debemos aceptar que las Farc han tratado de manera distinta a ciertos secuestrados porque tienen mayor perfil político. Pablo Moncayo logró hacerse visible gracias al trabajo de su padre de cara a los medios”.

El 23 de septiembre era revelado un video de Moncayo. La cara de adolescente era ahora un prematuro, demacrado rostro adulto, dando cuatro golpes sobre una mesa verde y reclamando: “Señor presidente abra la puerta que quiero ser libre”.

Para su padre ver el video resultaba una insoportable experiencia ambivalente. “No me pude contener, la lluvia que cae en estos días en Bogotá es nada comparada con las lágrimas que ese día salieron de mis ojos”. Las imágenes dieron al mismo tiempo la feliz prueba de que su hijo aún estaba con vida y la evidencia de la profundidad de su sufrimiento.

La espera ahora, después de una campaña sin precedentes es que Pablo pueda ser liberado al final de este mes. El último comunicado de presidencia (septiembre) dice: “facilitamos las liberaciones con las Farc”. En los próximos días se espera pronunciamiento oficial de parte del Gobierno. Por el momento la familia Moncayo se limita a rezar porque el fin de su calvario esté cerca.

Hace nueve años, cerca de otra Navidad que él soportaría en la selva, Pablo envió una carta a sus padres y hermanas. “Quiero desearles felices fiestas…”, escribió. “Estoy bien, un día estaré con todos ustedes… y para pedir otra vez que me cuiden el CD de Iron Maden”.
Después de caminar miles de kilómetros asistiendo a un sinnúmero de encuentros y derramando muchas lágrimas, Moncayo difícilmente puede creer que su hijo vaya a regresar a Sandoná.

“Según la senadora restaría menos de una semana para volver a ver a Pablo otra vez, -dice-. Me siento ansioso, estoy cruzando mis dedos, rezando, pensando en ese momento del encuentro y en cómo poder dominar mis emociones. Estoy esperándolo como el día que él nació”.

Lucero Rodríguez G.

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*Cinco meses después de la publicación de este artículo, Moncayo, el hijo, fue liberado.

La historia en imágenes y audios, aquí: Moncayo, héroe o padre crucificado.

LRG – octubre de 2009.

Andrés Caicedo y un estereotipo inmundo

Andrés C no la logró como guionista de Hollywood como lo quería, pero fue escritor precoz, riguroso, disciplinado (por encima del caos que fuera su vida), felizmente no se recomienda leer en el colegio como sí a García Márquez, pero creo que se le debe algo más que la avalancha de homenajes que le han hecho, año tras año los mismos de siempre, unos pocos buenos amigos. Merece ser mejor leído y librado al menos de lo que él nunca quiso ser: estereotipo.

¿Si leer el Besacalles no es como meterse en una auténtica conversación entre un travesti de la calle y un peladito “bien”, medio homofóbico y medio con ganas de acostárselo, entonces eso qué es? Para mí, un cuentazo; así como el cuento del niñito que se está pudriendo solo en casa y fisgonea hacia la calle, mientras la hiedra se va tragando la ventana de su cuarto (Por eso yo regreso a mi ciudad de Calicalabozo).

Leer Infección es entender que sentirse atado a Cali y no querer salir de allá es tan normal como odiarla.

La página de Qué viva la Música, que si se concentra bien, capaz y la memoriza y que dice…

(…) lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve (…) lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve lluvia con nieve (…) (quinto recuerdo)

Dedicado a tod@s los caicedianos, bukowskianos, inmundos, adolescentes. Piensen en sus familias, no se suiciden antes de los 25 si todavía no están al día con las cuotas del carro.

Por aquí, este artículo sobre su supuesta homosexualidad conectada con su obra, de la Revista Arcadia. La sexualidad de los angelitos.

Lú RG
Sep/28/11

Oh señor, no me compres… un carro como ese

Por si alguien se despista, no es una apología, sino un sarcasmo contra el consumismo

Mercedes Benz de Janis Joplin (versión soyada)

Oh Lord, won’t you buy me a Mercedes Benz?
My friends all drive Porsches, I must make amends.
Worked hard all my lifetime, no help from my friends,
So Lord, won’t you buy me a Mercedes Benz? (…)
Won’t you buy me a night on the town (…)

But don´t worry… Oh Lord,
I might to receive an ecologic car (no Chinese)

Domingo ocioso de sep.11

Versión original (Que me encanta). Aquí
Canción a capella, tal y como se decidió dejar en su disco Pearl (71), por ser la última canción que grabó antes de morir el 4 de octubre de 1970.

El naufragio

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Jorge Luis Borges, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”.

Estas son líneas de prólogo del cuento El naufragio, de Claudia María Ramirez, ganadora de la Beca de creación literaria en París 2010 (Fundación Gilberto Alzate Avendaño y Alianza Colombo-Francesa). Está inspirado en la Balsa de la medusa, el óleo de Géricault y fue publicado en el blog El Magazín de El Espectador.

A los náufragos como yo que por casualidad visiten esta página les paso el link aquí abajo:

http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2011/08/17/el-naufragio/

Miguel Durier busca a Lennon en Nueva York (El Tiempo)

Yo viviendo aquí en Nueva York y John Lennon también, cómo no me lo voy a topar algún día en la calle”, decía el músico colombiano Miguel Durier cuando decidió echar raíces por 20 años en la gran manzana. (Intro original).

Encontrarse con John Lennon, así tan de repente y en cualquier parte de la ciudad, no significaba cualquier cosa para alguien como Durier; representaría el momento más emotivo de su vida y la oportunidad que estaba buscando.

La llegada de los Beatles a Colombia -primero en cine y luego en acetato- había transformado la vida del cantante Miguel Durier y lo había inspirado. La participación de Durier a través de agrupaciones como los Flippers en Bogotá, lo llevaron a mediados de los 60s a convertirse en una de las estrellas locales que salía de gira por el país, firmaba autógrafos, grababa discos, daba entrevistas y rompía corazones. Pero adivinó que en Colombia el auge del rock sólo sería fiebre de unos cuántos años más y se marchó a México, el país latinoamericano -después de Argentina- que más fidelidad prometía al rock…

Texto completo, publicado en Vive In (El Tiempo)

QEPD

Este es el link de sus seguidores por Facebook.
http://www.facebook.com/group.php?gid=24592644212

Javier, el beatlemaníaco

“En lo de los Beatles para uno volverse duro tenés que aprenderte las fechas como los evangélicos se aprenden la Biblia…”

Publicado en la revista Shock en 2004. Lucero Rodríguez G.

Como muchos en el mundo adora a los Beatles, como pocos en Cali, es un conocedor al detalle de su trayectoria musical y personal y como ninguno, tal vez en Colombia, posee una gigantesca colección de discos, camisetas, afiches, postales, fotos, libros y cualquier cantidad de souvenirs del archifamoso cuarteto, incluyendo sus autógrafos originales. Ha dejado de echarle gasolina a su Piaggo Vespa, la moto que lo transporta a todas partes, por comprar un disco. “La he dejado guardada quince días por un disco de 70 mil”.

Hace diez años no escucha sus pastas de los Beatles por conservarlas intactas. No necesita el reproductor de VHS, porque las cintas de sus películas prefiere no desgastarlas. Las camisetas negras con estampados del grupo las usa sólo en la noche para que el sol no las deteriore, la misma razón por las que nunca las lava y tal parece que el misticismo que envuelve la obsesión de un fanático las ha protegido del mal olor durante años.

Sigue leyendo “Javier, el beatlemaníaco”

Qué piensan los hombres más allá del sexo, un libro de 200 hojas en blanco lo contesta

Parece que Sheridan Simove es un tipo muy sabio y brillante, se ha convertido en un fenómeno mundial de ventas. Básicamente con un libro que contesta a la pregunta: “qué piensan los hombres más allá del sexo”, en 200 páginas en blanco. Este británico, sicólogo social, habla del proceso de investigación que siguió antes de publicar su exitoso libro.

Aquí una nota de la revista Semana
El curioso éxito de un libro en blanco